Prólogo: Masaje Especial

Indonesia, 2011

Imagina esto.

Cuatro hombres jóvenes acaban de llegar a su hotel. Ha sido un viaje largo. Una multitud de fans esperaba en el aeropuerto – un alivio, porque ninguno de ellos sabía que tan conocidos eran en Indonesia, pero significa que los chicos tuvieron que ser acompañados en el aeropuerto por seguridad. Ahora están en la tranquilidad de sus habitaciones. Un momento de paz antes de que regresen al torbellino.

Estando de gira tendrían su propio fisioterapeuta viajando con ellos. Dar un show puede tensar tu cuerpo. Los músculos necesitan ser frotados. Las espaldas necesitan ser tronadas. Pero esta es una visita y el fisioterapeuta se quedó en casa.

Uno de los chicos ve las folletos del hotel. Se ofrecen masajes. Justo lo que necesita después de un largo viaje. Llama a recepción y pide un masajista. “Claro, señor. Inmediatamente, señor. ¿Cuál es su habitación?”

Diez minutos después se oye un golpe en la puerta. Una mujer entra y ve al joven de arriba a abajo. “Quite ropa, por favor,” dice. Su inglés no es muy bueno.

El joven se desnuda quedándose en ropa interior.

“Y esos, por favor”

“¿Estos?”

“Quite, por favor…”

“¿En serio?”

El joven se siente un poco incómodo. No está acostumbrado a esto.Pero donde fueres* . . . Se quita la ropa interior.

Siguiendo la instrucción de la masajista, se recuesta bocabajo en la cama, su modestia protegida por una pequeña toalla blanca. Nada más. La masajista empieza a frotar su espalda. Los hombros primero, luego baja por la columna. Va un poco más abajo de lo que él esperaría normalmente, pero está bien, porque ahora se ha pasado a las piernas, empezando en los pies y subiendo.

Pantorrillas.

Muslos.

Muslos superiores.

Muslos superiores superiores.

Esto es más arriba de lo normal, se dice a si mismo. Pero quizá así se hace en Indonesia.

Se queda sin aliento. ¿Su mano acaba de rozar ligeramente sus testículos? ¿Lo hizo a propósito, o fue un error?

Un error, decide.

Pero entonces . . . nop . . . definitivamente en sus testículos.

La masajista levanta su toalla de tal modo que su trasero esté expuesto al aire. Es claro que algo inesperado está sucediendo, pero él se siente demasiado británico para decir algo. Ahora ella está sentada en sus piernas, masajeando cada pulgada cuadrada de su desnudo trasero. Él en verdad preferiría que ella se detuviera, pero dejó que llegara tan lejos. ¿Cómo podría empezar a oponerse ahora?

¿Que debería hacer?

Está sudando. Han pasado quince minutos de intenso masaje a su trasero. La masajista se baja. “Voltee ahora,” le instruye.

Voltear. De acuerdo.

Se voltea, agarrando incómodamente la toalla para cubrirse. La masajista empieza en su torso, pero ya no es un masaje. Para cualquiera, esto es un roce sensual. Se concentra en mantenerse calmado. Cualquier señal de excitación debajo de la toalla dará un mensaje que no quiere enviar.

De repente ella quita bruscamente la toalla. Y ahora no puede haber duda alguna de sus intenciones. Está tocando sus testículos mientras le toca el hombro.

“¿Quiere masaje especial?” pregunta.

“Er . . .”

“Masaje especial” insiste.

“Es, er . . . ya es suficientemente especial . . . muchas gracias,” dice apenas.

Una pausa.

“¿Seguro?”

Él asiente. Con demasiado vigor. “Muy seguro,” dice.

♢♢♢♢

En la habitación de a lado, otro de los cuatro jóvenes ha tenido la misma idea. Un golpe en la puerta. Entra una masajista diferente. “Quite ropa, por favor,” dice.

El joven se desnuda. Mientras lo hace, la masajista pasea por la habitación, probándose sus lentes, quedándose cerca de su bolsa de lavado.

“¿Puedo quedarme con mi ropa interior?” pregunta.

La masajista se ríe y mueve un dedo. “Quite, por favor,” dice.

Esta masajista no se molesta con una toalla. Lo recuesta bocabajo en la cama y empieza a trabajar. La novia de este joven fue una vez una masajista, y él sabe que hay ciertas regiones arriba y abajo en que las manos no tienen permitido tocar, para evitar avergonzar a sus clientes masculinos. Estos límites son rápidamente cruzados. En poco tiempo está aporreando su trasero. Cuando su mano roza ligeramente sus testículos, el trata de evitar reírse.

Pero ahora lo recostaron de espalda. Ha tenido menos éxito en ocultar su excitación no deseada. Su mente está desesperadamente tratando de descifrar qué decir para salir de esta situación.

La masajista empieza en sus pies, pero no pasa mucho antes de que se mueva más arriba en sus piernas. Más cerca y más cerca. Más extraño y más extraño. Está insoportablemente consciente de que cierta parte de su cuerpo está enviando señales equivocadas.

“¿Gusta?” pregunta ella.

No hay respuesta.

“¿Quiere masaje especial?”

Esa es su señal para saltar y ponerse su ropa interior. “Estoy bien” dice, confundido y tropezando las palabras. “En verdad, estoy bien.”

La masajista se tiene que ir, y ahora está revisando sus cosas de nuevo. Levanta unos lentes, ropa, bloqueador solar. “¿Puedo tener esto?” pregunta. “¿Puedo tener esto? ¿Me das esto?”

Él dice no. Le dice que se tiene que ir, pero no quiere hacerlo. Al final, le pone un par de camisetas – regalos de fans de Indonesia – en las manos. Las revisa cuidadosamente, claramente sin intenciones de llevarse cualquier cosa sin valor, antes de dejar al joven en paz.

♢♢♢♢

Dicen que las grandes mentes piensan igual. El tercer joven recibe a una masajista del hotel en su habitación. Mientras se desnuda, ella señala alentadoramente su ropa interior.

El mira “¿Estos?”

Ella asiente.

“Er, de acuerdo.” dice educadamente.

La masajista empieza a sobar sus músculos. Esto no es lo que él esperaba. Cuando su atención se enfoca en partes de su cuerpo que no necesitan atención, él se regaña por no decir nada. Por no decirle que se siente incómodo, que quisiera que se detuviera y se fuera de la habitación. Por recostarse ahí, fingiendo silenciosamente que todo es normal.

Y luego la pregunta “¿Quiere masaje especial?”

Él le da una falsa disculpa “No tengo dinero,” se lamenta.

“¿Sin dinero?”

“No tengo dinero”

“Ah . . .”

Ella continua el masaje. Es un masaje tan puro y aburrido como puede ser. Pasan quince minutos de un incómodo y desagradable masaje antes de que se vaya silenciosamente cerrando la puerta detrás de ella.

♢♢♢♢

El primer joven llama al segundo.

El segundo llama al tercero.

¿Tú . . .?

¿Ella . . .?

¿Qué . . .?

Alivian su vergüenza por lo que pasó. y comparten su alivio de que ha terminado. Y luego uno de ellos tiene una idea.

Al cuarto joven no le gustan los masajes. Son aburridos. Su amigo llama a su habitación. “Amigo,” dice, “quieres pedir un masaje.”

Hay un silencio confundido.

“¿Por qué? No me gustan los masajes.”

“Confía en mi, amigo, te gustarán estos masajes.” Está soltero, después de todo, y parecía correcto que uno de ellos disfrutara lo que claramente era una costumbre en Indonesia.

Su amigo no da muchos detalles, pero el cuarto joven no es estúpido. Tiene una muy buena idea de lo que le están insinuando. Lo piensa por un momento. Luego levanta el teléfono a lado de su cama y llama a recepción.

“Hola,” dice. “Me gustaría un masaje”

Después de todo, son una banda de gira. Y alguien tiene que comportarse como una estrella de rock ¿cierto?




* “When in Rome, do as the Roman’s do.” Un dicho que puede traducirse como “Donde fueres, haz lo que vieres”

9 pensamientos en “Prólogo: Masaje Especial

  1. Quien no le gustqriq ser esas masajistas… Jaajjja yo creo que el primerp fue harry despues tom despues danny y por ultimo sin ninguna duda el que acepta es mi dougie

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