El alien en la ventana

Capítulo 1 – El alien en la ventana (The alien at the window)

Tom: Una de las primeras cosas que recuerdo son los aliens que me han acechado toda mi vida.

Fue mi papá quien me los introdujo. Solía contarme historias sobre ellos. Amaba esas historias, y lo rogaba que me contara más. Una historia en particular se quedó en mi mente, sobre viajeros acampando en una cabaña en la noche, dándose cuenta que un alien los había estado observando por horas cuando su rostro había desaparecido de la ventana iluminada por la luna. Esa historia puso un alien en mi cabeza que jamás se iría. Incluso cuando ya era un adulto y viajando por el mundo, siempre regresaba a mi habitación del hotel, o a mi habitación, o donde fuera que estuviera durmiendo, y me recostaba aterrorizado del alien en la ventana. Incluso después de tocar frente a cientos de miles de fans tenía que dormir con la televisión encendida, el sonido bajo y la puerta del baño abierta. Nunca he tenido miedo de los ladrones. Nunca he tenido miedo de los fantasmas. Sólo tengo miedo de los aliens, y muy seguido me he encontrado tan asustado que no puedo moverme. Sé exactamente lo que significa la frase “paralizado de miedo”, porque lo he experimentado casi cada noche. Y a pesar de que estos miedos nocturnos han estado conmigo casi toda mi vida, adoro por completo la ciencia ficción, en especial las historias de aliens y OVNIs. ¿Eso me convierte en un loco? Supongo que sí.

Pero Papá me introdujo a algo más, también. Algo mucho más importante y que tendría un efecto mayor en mi vida. Me introdujo a la música. Nuestra casa estaba llena de ella. He tenido suerte, y una de las cosas con más suerte en mi infancia es que la música estaba en todas partes. Y cuando me detengo a pensarlo, me doy cuenta que mi buena suerte empezó mucho antes de lo que recuerdo. Antes de la música. Antes de los aliens. Empezó con mis padres.

Mi mamá y mi papá – Debbie y Bob – no eran ricos. Bastante lejos de serlo. El dinero siempre fue justo, aunque nunca lo noté cuando era niño porque Carrie y yo tuvimos una infancia increíble. Sólo ahora que recuerdo es que me doy cuenta cuánto sacrificaron mis padres por nosotros. No éramos mimados – al menos no creo que lo fuéramos – pero hicieron todo lo que pudieron para asegurarse que tuviéramos oportunidades en la vida.

Cuando era muy chico mi mamá trabajaba en una tienda de videos. Creía que era lo más genial en el mundo porque significaba películas gratis. Nunca olvidaré el día que trajo a casa una copia de Las Tortugas Ninja mucho antes de que nadie la tuviera. Esto era cuando tenías que esperar años para que una película saliera en video, así que tener una copia antes que el resto era genial.

A la edad de cuatro años, empecé en mi primera escuela, Roxeth Manor. No mucho tiempo después, Mamá hizo algún trabajo voluntario allí, cuidando niños en el recreo y llevando sus loncheras. Empezó a trabajar allí a tiempo completo poco después, ascendiendo hasta donde está ahora – una asistente de aprendizaje. Ese sigue siendo su trabajo: ayuda a que niños con problemas de aprendizaje saquen lo mejor de sí mismos. Papá trabajaba para Kodak. Estaba en el negocio de “recuperación de plata,” que es mucho menos atractivo de lo que suena. En esos tiempos, los rollos de las cámaras contenían restos de plata, y era el trabajo de Papá recuperar la plata de los rollos usados. Era un trabajo duro – turnos de 12 horas, lo que significaba trabajar varias noches seguidas en una ruidosa y gigante fábrica al noreste de Londres, cerca de donde crecimos. Trabajó allí por 20 años pero, poco después de que yo dejara la escuela, quedó desempleado. En ese momento no me di cuenta pero ahora puedo ver cuán difícil y estresante debió haber sido para mis padres.

Pero la recuperación de plata no era su pasión. La música lo era. Desde que puedo recordar, Papá tocaba la guitarra y cantaba en una banda de covers, presentándose en el British Legion y en bares locales. Incluso cuando era muy pequeño, antes de que mi hermana naciera, iba con Mamá a escucharlo tocar, y Papá me subía al escenario para cantar con él cada que tocaba. Años después, pude regresarle el favor e hice que tocara conmigo, solo que esta vez el escenario fue la Wembley Arena – un momento muy especial para los 2.

Nuestra casa siempre estaba llena de personas tocando la guitarra y cantando. Prácticamente me amamantaron los Rolling Stones, The Eagles y Eric Clapton, quizá un poco de The Beatles y algo de música country – todo lo que solía tocar en su banda. Mi mamá es la más grande fan de Bryan Adams. Creo que estaba enamorada de él. (Lo siento Papá.) No importa que suceda en mi vida, creo que a sus ojos la cosa más genial que he hecho es intercambiar un par de correos electrónicos con Bryan, y hablar con él por teléfono un par de veces. A los ojos de mi mamá, así es como sabes que lo has logrado. Me encantaría arreglar que pudiera conocerlo uno de estos días, pero pensándolo mejor no estoy seguro de que pudiera con la emoción…

Para mi, sin embargo, todo era sobre Michael Jackson. Amaba a Michael Jackson. Mamá y Papá vieron cuanto me gustaba y ahorraron para poder llevarme a verlo en concierto un par de veces, una vez en el Dangerous Tour y una vez en el HIStory Tour (donde dejaba el escenario al final del concierto volando con un jet pack – quizá deberíamos intentar eso una vez). Incluso fui uno de esos niños que esperó afuera de su hotel, esperando verlo o incluso conocerlo. Estuve tan cerca. Salió del hotel un día para hablar con algunos fans y estaba a un metro de mi cuando una chica saltó la barrera de protección hacia él. Su equipo de seguridad lo metió al coche, se lo llevó, y eso fue todo. Ahora, cuando salgo del autobús para ser recibido por fans gritando, trato de recordar que yo fui un fan. Aún lo soy.

Con la música siendo tan importante en mi casa, supongo que no fue una sorpresa cuando quise tocar la guitarra a la edad de 5. Papá vendió una de sus guitarras para que yo pudiera tener la mía, y él y Mamá pagaron para que tuviera clases de guitarra clásica. Así eran mamá y papá. Si Carrie o yo en verdad mostrábamos interés en algo, hacían lo que podían para darnos la oportunidad de hacerlo. Supongo que no tuvieron muchas cosas por eso. Aprendí todo lo básico de la guitarra en esas lecciones, pero lo útil – lo que uso ahora – lo aprendí de papá y todos los músicos que constantemente estaban en casa. Cuando había un cumpleaños, o una barbacoa, o era Navidad, la casa se llenaba de guitarras y gente tocando música. Aún es así. Y como Papá también era cantante, yo siempre estaba cantando con él en la casa desde muy joven.

Carrie y yo éramos un poco diferentes que el resto de los niños del vecindario. Nadie que conociéramos quería tocar la guitarra, o cantar, o bailar. No estaba en onda. Los otros niños no se lo tomaban muy en serio. Éramos los extraños. En nuestra propia y peculiar forma, éramos los aliens en la ventana. Tuve un par de amigos cercanos cuando era más joven, pero no me he mantenido en contacto con nadie, y estoy seguro que en parte es porque siempre tuve intereses distintos que los niños de mi edad, al menos hasta que nuestra secundaria local empezó a dar clases Stagecoach los sábados en la mañana. Stagecoach es una escuela de medio tiempo de artes para niños, y mis padres, siempre ansiosos por darme cada oportunidad, me dejaron ir. Lo amé – 3 horas a la semana de canto, baile y actuación en un lugar donde nadie cree que eres raro por hacerlo.

Una de los profesores en Stagecoach también enseñaba en la Ravenscourt Theatre School en Hammersmith. Vio cómo me interesaba la actuación y sugirió que fuera a uno de sus talleres de verano. Era un curso de 2 semanas, al final hacíamos un pequeño show. El director de la escuela vino a ver el show, y me ofreció una beca. Tenía nueve años de edad.

Eso fue todo. Nunca regresé a mi escuela normal.

Ravenscourt no era sólo una escuela de teatro. También era una agencia. De pronto me encontré yendo constantemente a audiciones y teniendo unos cuantos trabajos. Suena genial ¿cierto? Bueno, a decir verdad, y por razones que no puedo entender, no era feliz en Ravenscourt. Podía haber sido completamente diferente de mi antigua escuela, pero aún así no encajaba del todo.

Durante mis primeras semanas en Ravenscourt, siempre me encontraba con alumnos de otra escuela de teatro, Sylvia Young, cuando estaba trabajando. Recuerdo pensar cuán bien se comportaban en comparación a los niños de Ravenscourt, que siempre eran un poco más inquietos. También parecían un poco más profesionales, y tomaban su interpretación más seriamente que mis compañeros de Ravenscourt. No sé quién sugirió primero que debería ingresar, pero a mitad de mi primer semestre en Ravenscourt me encontré con mi mamá y papá sentado en la oficina de la misma Sylvia Young. Me pidió que cantara para ella – creo que canté algo de Oliver! – y lo siguiente que supe, es que me ofreció un lugar. Empezaba allí el siguiente lunes.

La Sylvia Young Theatre School estaba en Marylebone. Papá seguía trabajando en Kodak. Mamá estaba en la escuela. Mi abuela y abuelo me llevaban cada día – sin ellos, jamás habría podido ir. Era imposible que mi mamá y papá me llevaran y trajeran cada día mientras trabajaban a tiempo completo. Mi abuela y abuelo me llevaban en coche a Londres, y luego íbamos en tren a Sylvia. Les debo tanto, y espero haber aprovechado al máximo la oportunidad que ellos y mis padres me dieron. Finalmente encontré un lugar al que sentía que pertenecía. Sylvia era todo. Lunes, martes y miércoles estaban dedicados al trabajo académico – nos enseñaban las matemáticas e inglés y ciencia que todos los demás tenían que aprender, y era lo suficientemente bueno en mis estudios normales. Siempre me ha fascinado la ciencia, el espacio y la aviación, y amaba el arte y la escritura creativa. Jueves y viernes eran enteramente vocacionales. Nos introducían en las disciplinas de canto, danza y actuación, y esas eran mi pasión – especialmente cantar. También tuve suficiente suerte de ser uno de los alumnos que más trabajo tenía. Eran las cosas normales que los niños hacen – trabajo como extras en EastEnders y Grange Hill, comerciales, doblajes de voz… Descubrí que tenía talento para doblar mi voz a tiempo en comerciales extranjeros que necesitaban ser traducidos al inglés, así que una o dos veces a la semana me encontraba haciendo pequeños trabajos como esos.

Tenía 10 años cuando fui a la audición general para Oliver! en West End. Llevaba 4 años que la hacían, y mis padres ya me habían llevado a verla. Me enamoré de la historia. ¿Mencioné que tuve suerte? Es verdad. Las cosas que en verdad quiero en la vida normalmente me llegan. Recuerdo ver Oliver! y de algún modo supe que algún día actuaría en ella. No creo que estuviera siendo arrogante. Sólo era algo en lo que había puesto mi corazón, como hacen los niños algunas veces. Iba a estar en Oliver! Así que cuando el rumor se corrió en Sylvia de que estaban haciendo audiciones, fui el primero en la fila.

Ya estaba acostumbrado al proceso de audición, pero eso no significa que no fuera brutal. Al menos en las audiciones de The X Factor te dejan cantar antes de enviarte a casa. En la primera ronda de una de estas audiciones bien podían verte y enviarte a casa antes de que abrieras siquiera la boca. Si tenías el cabello café y ellos buscaban a alguien rubio, no tenía sentido desperdiciar tu tiempo o el suyo. Si no estabas bien preparado, que te rechazaran podrían arruinarte, pero en Sylvia te enseñaban desde el principio cómo ser profesional en las audiciones, y recordar que si no encajabas en el trabajo nunca era personal. Supongo que mucha gente encuentra el proceso intimidante. Nunca me molestó. Amaba actuar, y lo llevaba haciendo desde muy joven. Y recuerda: esto es algo que en verdad quería hacer.

Obtuve el papel de Kipper, uno de los chicos en la pandilla de Fagin. Las leyes de trabajo infantil decían que un niño sólo puede trabajar un cierto número de días al año, así que había 2 equipos en la obra. Eso significaba que actuaría una semana sí y una semana no durante los 3 meses que duró la obra, y vivía por esas noches que pasaba en el escenario.

Era un niño muy profesional. Siempre sabía mis líneas y muy a menudo, también me sabía las de los demás. Una noche, el niño que interpretaba a Artful Dodger perdió por completo la voz a mitad de la obra. No estaba un poco ronco – su voz había desaparecido por completo y apenas podía hablar, mucho menos cantar lo suficientemente alto para ser oído en el teatro. Habíamos 10 niños en el escenario, y una vez que entrabas a escena en la primera mitad, te quedabas allí hasta el intermedio, 200 pares de ojos observándote. Dodger estaba desesperado mientras hacía saber que no había modo en que cantara una nota más, rogando que uno de nosotros lo sustituyera. Por supuesto, yo era el único lo bastante patético que se sabía toda la letra de todas las canciones, así que me encontré cantando “I’d Do Anything” y “Be Back Soon”, mientras él hacía toda la actuación. En el intermedio, el director me cazó para agradecerme, y creo que fue la primera vez que llamé su atención. Cuando los 3 meses terminaron, estaba desdichado. Odiaba la idea de irme – hubiera seguido cantando felizmente en la pandilla de Fagin, actuando frente a audiencias completas, por siempre. Así que dije que si cuando el coreógrafo me preguntó si regresaría a audicionar para el papel de Oliver.

Seguía teniendo 10 años cuando obtuve el papel. Fue por Navidad, así que en Enero me permitieron empezar a trabajar de nuevo, esta vez en el papel principal. Aún tenía que ir a la escuela en el día, así que era pesado, y aunque tenía permitido llegar después del primero recreo, llegó un momento en el que no quería ir a la escuela. Inventaba enfermedades o me escondía en los baños y lloraba. Fue un periodo extraño en mi vida, algo que no entendía. Durante los siguientes años tendría estos episodios, pero pasaría mucho tiempo antes de que me diera cuenta de qué estaba pasando en mi cabeza. Pero aunque era infeliz en la escuela, amaba todo sobre Oliver! El elenco era fantástico – Jim Dale era Fagin, y él era increíble con los niños. Fueron, en total, 3 meses especiales que no quería que terminaran.

Terminaron, por supuesto, y la vida regresó a la normalidad en Sylvia. O tan normal como podía ser la vida en una escuela artística. Sylvia era un pequeño e íntimo lugar donde nunca había más de 120 alumnos, lo que significa que conocía casi a todos por nombre y todos sabían todo de todos. Amy Winehouse estaba un par de años más arriba que yo, y la conocía tan bien como a todos los demás. Incluso como adolescente era como esperabas que fuera – rebelde, por decir lo menos, pero siempre muy amigable. No sé si le pidieron que dejara Sylvia antes de que terminara, pero recuerdo que se fue antes de tiempo. Sacó su primer disco al mismo tiempo que nosotros. Amy no tuvo mucha atención en aquel entonces, pero nosotros nos encontramos haciendo entrevistas en los mismos programas de televisión, y ella siempre hacía un esfuerzo en saludarnos. Así son los niños de Sylvia. Eres parte de un grupo incluso cuando te vas. Incluso ahora, si veo a alguien usando el uniforme de Sylvia, me acercaré a platicar.

Había un chico en el mismo grado que Amy. Su nombre era Matt Willis. En esos tiempos no podría haber adivinado que tanto se cruzarían nuestros caminos y carreras. Me siento orgulloso de llamarlo amigo, pero dudo que Matt supiera que existía cuando estábamos en la escuela. Para él debí haber sido uno de esos niños molestos. Era un poco el consentido del maestro, mientras él tenía reputación de ser un chico malo – no que fuera difícil obtener una reputación así en una escuela donde todos los chicos usan unitardos y practicaban ballet. La verdad es que me hubiera gustado ser un poco más como él…

Pasó un año. Una tarde regresé a casa de mi abuela después de la escuela. Estábamos sentados comiendo curry – comprabas uno y te daban uno gratis, y mi abuela solía bromear diciendo que yo podía tener el gratuito – cuando el teléfono sonó. Era mi agente, preguntando si podría llegar al London Palladium a las 7. El chico que interpretaba a Oliver estaba enfermo, y su sustituto (2 niños en cada papel, recuerden) vivía en Wales y no podría llegar a tiempo. ¿Podía ir e interpretar el papel esa noche?

No lo había hecho por un año, y había todo un nuevo elenco adulto. Pero ¡qué demonios!

Retrasaron la obra 15 minutos mientras corría a la ciudad y ensayaba media hora con Robert Lindsay, quien era el nuevo Fagin; no intercambié más que un par de palabras con el Artful Dodger antes de salir al escenario. De pie en bastidores, con sólo 11 años de edad, sin haber cantado estas canciones por un año, estaba aterrorizado. Pero el momento en que pude un pie en el escenario todo regresó a mí. Todo salió bien y tuve una gran noche, haciendo lo que amaba.

Al siguiente día me preguntaron si quería hacer la obra por otros 3 meses, y aproveché la oportunidad. Aunque esta segunda vez no fue lo mismo. No encajé con el elenco del mismo modo que antes – Robert Lindsay fue reemplazado por Barry Humphries, y me temo que Dame Edna no sabía tratar a los niños como Jim o Robert. La obra estaba por terminar y nadie parecía estar tan emocionado como la primera vez. Aprendí mucho, entonces, sobre la importancia de rodearte con personas con quienes tienes un lazo, y que están comprometidos con lo mismo que tú. Más que nada aprendí que cuando intentar recapturar un momento mágico en tu vida, es muy común que descubras que la magia se ha ido.

Creo que aún así actué de manera profesional. Demasiado profesional, quizá. Cuando interpretas a Oliver, estas constantemente en el escenario desde el principio del Acto 1 hasta el intermedio. Debí haber estado apurado una noche cuando olvidé ir al baño antes de subir al escenario. Me di cuenta que necesitaba ir antes de que la primera canción terminara, pero para ese momento ya era muy tarde.

Aguanté y aguanté. Pero ese primer acto es tan largo. Consideré aliviarme rápido en el escenario mientras estaba medio escondido – quizá podía hacer lo mío mientras estaba dentro de uno de los cajones del Señor Sowerberry por un par de minutos. Pero soy increíblemente indeciso, y antes de que me diera cuenta la oportunidad había pasado. Estaba en agonía. ¡AGONÍA! Aún no entiendo como me las ingenié para cantar “Where is Love?” y bailar en el escenario durante “Consider Yourself”. Ya llevábamos una hora en el escenario cuando Nancy llegó anula guarida de Fagin para cantar “I’d Do Anything”. Llegué al punto en el que haría cualquier cosa. Había un momento en esa canción donde tenía que pararme en un lado del escenario solo observando la escena, y simplemente no pude aguantar más. Todos prestaban atención a Dodger y Nancy, así que ahora el momento de hacerlo…

Lector, me hice del baño. En el escenario del London Palladium. Con más de dos mil personas viendo. Afortunadamente estaba usando mi disfraz sucio de huérfano, así que no creo que la audiencia hubiera notado nada a menos de que estuvieran viendo la expresión de puro y jubiloso alivio que cruzó el rostro de Oliver. Le susurré a Dodger en el escenario: “Amigo, ¡me hice del baño!”. Nunca olvidaré su cara. Me avergüenza mucho, pero aún no creo que tuviera otra opción. El espectáculo tenía que continuar. Te dije que era un niño profesional.

Mi propio entusiasmo por Oliver! había terminado, pero no mi entusiasmo por el escenario. Seguí trabajando al tiempo que estudiaba. Uno de los mejores trabajos que tuve fue cantaron el coro de la re-edición de “El Regreso del Jedi”. Si alguna vez vienes a mi casa y ves todo lo que tengo de Star Wars, te darías cuenta cuanto me gustó hacer eso. Incluso fui a algunas audiciones para varias boy bands que se promocionaban en la revista Stage, y generalmente llegaba muy lejos en el proceso de audición, pero siempre era demasiado joven – la edad mínima para estas bandas era 16 sin cambios, y yo solo tenía 14 o 15 en ese momento y nunca habría tenido el valor de mentir sobre mi edad. (Me refiero a ti, Dougie Poynter.) En retrospectiva, fue algo bueno. Esas audiciones fueron para las típicas boy bands, y realmente no creo que hubiera sido feliz en ellas si hubieran tenido éxito, cosa que no sucedió.

Dejé Sylvia a la edad de 16, y aún recuerdo esos años como unos de los mejores de mi vida, y algunos de los mas importantes, y no solo porque fue ahí que conocí a la chica que después se convertiría en mi esposa. Giovanna y yo nos conocimos cuando teníamos 13 años – yo llevaba ya varios años en Sylvia y ella era nueva en la escuela. Recuerdo sentarme en nuestro pequeño salón con mi amigo Jason, viendo a los nuevos niños y preguntándonos si alguno de ellos estaría en nuestra clase. Esta hermosa niña entró – de inmediato me volteé hacia Jason y le comenté cuan linda era – y uno de los profesores le dijo que se sentara junto a mi ya que su apellido iba antes que el mío, alfabéticamente. Me sonrió. “Hola,” me dijo. “Soy Giovanna, pero puedes decirme Gi.”

“Hola” le sonreí. “Soy Tom, pero puedes decirme T”.

Hmm… Muy sutil (no).

A pesar de mis penosas frases de conquista, para el final del día Giovanna era mi novia. No duró mucho. Dos días después la dejé por una chica llamada Gemma Gould. Duro, pero cierto. De inmediato me arrepentí, y pasé los siguientes dos años de mi vida completamente obsesionado con ella. Todo en lo que pensaba era en Gi, y enloquecía a mis compañeros hablando de ella. Había arruinado por completo las cosas al ser el bastardo que la había abandonado en la primera semana en su nueva escuela, y con justa razón hizo su mejor esfuerzo para dificultarme la vida. Pasé dos años tratando de convencerla de que volviera a salir conmigo. Al final la cansé. Finalmente cedió y empezamos a salir en nuestro último año en Sylvia.

Cuando terminamos la escuela, volvimos a separarnos. Gi vivía en Essex, yo vivía en Harrow, y parecían un millón de millas de distancia. Separarnos parecía lo lógico y adulto… hasta el momento en que lo hicimos. De nuevo, pasé los siguientes dos años tratando de ganármela de nuevo, y aunque tuve algunas relaciones en aquel momento, siempre supe que era a Gi a quien quería.

Amaba estar en Sylvia, pero cuando terminó sentí que era tiempo de un cambio. Había dedicado casi la mitad de mi infancia a cantar y actuar, había estado trabajando constantemente, y sentía que me había perdido la parte de ser niño. Quería algo diferente, más normal. Tenía un buen amigo fuera de la escuela – mi único amigo, realmente, fuera de mi pequeño grupo en Sylvia – llamado Neil. El hermano de Neil estaba en el Air Cadets y nos había animado a ir con él. Estaba desesperado por hacerlo. Mi amor por la aviación era otra cosa heredada de mis padres, que solían llevarme a espectáculos aéreos cuando era niño. Incluso habíamos manejado hasta Heathrow y nos habíamos estacionado en la carretera para ver el aterrizaje del Concorde – suena tonto pero fue una experiencia asombrosa. Me inscribí al escuadrón 1452 en Northolt y pensé que era increíble. Teníamos uniformes y solíamos hacer simulacros, y una vez al mes podías planear o volar. Me obsesioné con los aviones, y como resultado consideré seriamente unirme a la RAF1 (tiempo después cumplí ese sueño al obtener mi licencia de piloto), pero al final decidí algo más mundano. En Septiembre de 2001 me inscribí al Stanmore College para estudiar arte, literatura inglesa y teatro. Fue uno de los mayores errores que he cometido.

Soy muy tímido, no muy bueno socializando. Incluso ahora, cuando tenemos fiestas en casa, me encierro en el baño por diez minutos, solo para poder tener un momento en el que no tenga que hablar con alguien. No es que no me gusten otras personas, es solo que no necesito compañía. Estoy bien estando solo. Me gusta, y siempre me ha gustado, desde que era un niño pequeño. Así que era el tipo de persona a quien el primer día de escuela le parece una pesadilla. Me presenté a la universidad ese primer día muy nervioso, y fue total y completamente un 100% tan malo como esperaba que lo fuera. Casi todos los otros chicos ya se conocían de sus antiguas escuelas, y ninguno de ellos prestaba atención al tímido chico nuevo. Odié cada momento que pasé allí. No tenía verdaderos amigos. Había pasado de estudiar en una de las mejores escuelas de teatro en el mundo a algo bastante amateur en la universidad local. Sentí que lo había arruinado.

Pasó un deprimente mes, la idea de dos años más en Stanmore me acechaba como una sombra. Un día llegué a casa de la universidad y mi mamá señaló un anuncio en Stage para una audición al siguiente día a las 10:30 a.m. Era para una boy band, pero no estaban buscando solo a chicos que se vieran bien, cantaran un poco y bailaran mucho. Querían músicos, instrumentistas. Esta era una audición para una boy band con una diferencia. Una boy band que en verdad pudiera tocar. “¿Por qué no vas?” sugirió mi mamá.

Negué con la cabeza. A pesar de que odiaba estar en la universidad, seguía tratando de convencerme que quería hacer algo normal, darle una oportunidad a Stanmore. Estaba siendo normalmente indeciso. Desperté a la siguiente mañana pensando que quizá debería audicionar, antes de rechazar la idea de nuevo. Mamá y Papá sacaron a pasear al perro. En el momento en que escuché que la puerta se cerraba, mi decisión volvió a cambiar. quería ir y audicionar. Les pedí que regresaran, tomé la guitarra de mi papá y ensayé una canción para presentar – “The Dance” de Garth Brooks – y nos apresuramos a la ciudad.

La audición era en los Pineapple Dance Studios en Covent Garden, un lugar que conocía bien porque muchas audiciones eran allí. Estaba lleno de quizá 200 chicos con guitarras, obviamente por la audición, pero mientras subía las escaleras hacia el lugar en el que se suponía que nos teníamos que reunir, vi un rostro que conocía. Era Matt Willis, y para ser honesto mi corazón se hundió un poco.

Nos saludamos. “¿Estás aquí para la audición?” le pregunté.

Negó con la cabeza. “No,” me dijo. “Ya estoy en la banda.”

Genial. Bien podría irme ya a casa. Matt era mucho más genial que yo, y estaba seguro de que no me querría en su banda. Debí haber ido a la escuela. Le dije esto a mi mamá, pero ella me convenció de quedarme a audicionar de cualquier modo. Gracias a Dios que lo hizo.

Nos dividieron en grupos y llegó mi momento de entrar al salón de audiciones. Había una mesa grande, con 4 personas sentadas. Matthew “Fletch” Fletcher – joven, entusiasta, siempre hablando – y Richard Rashman – mayor, Estadounidense con una forma de hablar más lenta y cansada – eran los managers. Eran ellos quienes hacían la banda, la mente maestra detrás de la operación. No lo sabía entonces, pero ellos se convertirían en dos de las más importantes personas en mi carrera. La tercera persona era un chico llamado James Bourne – que ya estaba en la banda. Matt era el cuarto. Había unas diez personas en mi grupo. Uno de ellos se llamaba Charlie Simpson.

Fue una de esas raras audiciones en que todo sale perfecto. Mientras cada uno de los demás se paraba y cantaba, sabía que tenía ventaja, y cuando al final anunciaron a los 3 que querían ver más tarde, Charlie y yo estábamos en esos 3.

La audición más tarde fue más profunda. Me presentaron a Matt y a James, y me pidieron que cantara algunas canciones con ellos. Fletch y Richard me pusieron a prueba, pero aun así salió bien. Al final del día, los cientos de chicos habían sido reducidos a mí, Charlie y otros dos chicos.

Me llamaron a una segunda audición un par de días después. Esta vez fue en el InterContinental Hotel en Hyde Park. Allí, descubrí después, era donde Richard Rashman se hospedaba cuando estaba en Londres, y yo no tenía idea cuán importante sería ese lugar en mi vida. No fue hasta que llegué al InterContinental que supe el nombre de la banda para la que estaba audicionando. Busted.

Matt y James estaban allí, y nos tocaron una canción que habían escrito llamada “What I go to school for”. La amé. Todo en esa canción sonaba perfecto para mí. Me gustaba que era muy pop, pero con la debida musicalidad. Lo que más me impresionó fue la letra. Era una canción descarada sobre querer acostarte con tu profesora. No había clichés de boy bands puras. Era lo que se suponía que debía ser la música pop: una carcajada. A mis oídos estaba a años luz de la típica boy band. Cuando la escuché, me sentí lo suficientemente valiente para tocarles una de los propias canciones con letra similarmente descarada. Se llamaba “I’m in love with a whore2.” Todos se rieron cuando la escucharon, y aunque era una pésima canción, creo que al menos les mostró que estaba en sincronía con el tipo de música que querían hacer. Nos hicieron cantar “What I go to school for” con ellos, y fue allí cuando supe que en verdad – en verdad – quería estar en el grupo. Con las palabras “Estamos en contacto” de Fletch y Richard en mis oídos, me fui a casa, cruzando los dedos y convenciéndome de que había hecho todo lo posible, y tratando de ignorar la pequeña voz en mi cabeza que seguía diciéndome que no había forma en que Matt quisiera que estuviera en su banda, dado que no éramos amigos. En vez de eso, me enfoqué en el hecho de que James Bourne y yo parecíamos tener mucho en común. Él también había interpretado a Kipper en Oliver! antes de tener el papel principal; y mientras platicábamos, nos dimos cuenta que habíamos trabajado juntos en algunos proyectos cuando éramos más jóvenes.

La llamada llegó esa noche. Era Richard Rashman. “Felicidades, Tom” dijo en su lenta voz con acento americano. “En verdad nos gustaste. Nos encantaría que estuvieras en la banda.” Me explicó que Charlie sería el cuarto miembro, y me preguntó si podía ir al estudio la siguiente semana.

Esta en las nubes. No era solo que había sido aceptado en una banda pop que me gustaba mucho. Entrar a Busted era mi salida de escape de la universidad. Había cometido un gran error yendo allí, y ahora tenía otra opción. Podía seguir mis estudios en Stanmore, rodeado de gente con la que no me llevaba bien, habido algo que no disfrutaba – o podía ir a ser una estrella de pop. Difícil decisión.

Matt, James, Charlie y yo llegamos al estudio la siguiente semana y escuchamos algunos demos más de canciones en las que habían estado trabajando para su primer disco. Me llevaba muy bien con James y Charlie; incluso Matt parecía amigable. Amaba todas las canciones y estaba más emocionado al final de ese día que cuando Richard me dijo que había entrado en la banda. Recuerdo que los 4 fuimos a Burger King – la banda, juntos – viviendo el tipo de camaradería que solo tienes cuando estás en una banda. Era algo que nunca antes había hecho, y el sentimiento era fantástico. Recuerdo caminar a la estación con Charlie, darnos la mano y estaré acuerdo que esto era el inicio de algo increíble.

Y fue increíble. Para ellos.

Estaba encantado. Llegué a casa y empecé a decirles a todos los que conocía que dejaría la universidad para estar en esta gran banda. Era el mejor sentimiento. Felicidad. Todo parecía estar en su lugar.

Un par de días pasaron. Era Halloween y mi hermana, Carrie, hizo una fiesta. Había muchas personas en la casa, incluyendo a mi familia, y niños por todas partes. Mi mamá contestó el teléfono y me lo pasó, diciendo que Richard Rashman quería hablar. Subí para tomar la llamada.

“Hola, Tom.” La voz estadounidense de Richard era directa-al-punto como siempre. Es muy directo. Un tipo que dice las cosas como son. “Hemos estado hablando,” dijo, “y hemos decidido dejar la banda como un trío. Así que lo sentimos mucho, pero se quedan Matt, Charlie y James. No vas a estar en la banda.”

Había volado alto. Ahora sentía que estaba en una alcantarilla. Devastación total. El fin del mundo. Había tenido dos días para disfrutar la idea de que iba a ser una estrella de pop. Dos días para presumir frente a todos los que conocía. (Gracias a Dios que Twitter y Facebook no existían en aquel tiempo.) Ahora tendría que admitir que todo había sido un error. Y aun peor, parecía que tendría que volver a la escuela la siguiente mañana.

Todos estos pensamientos rondaban en mi cabeza. A penas me di cuenta que Richard seguía hablando. “En verdad nos gustas,” trató de asegurarme. “Esto no es un reflejo de lo que pensamos de ti con intérprete… en verdad nos gustaron el topo de canciones que has estado escribiendo… nos encantaría seguir trabajando contigo.”

Tonterías, me dije a mí mismo. Richard obviamente me estaba despidiendo con cortesía. Escuche educadamente, pero dentro de mi sabía que todo se estaba acabando.

“Mañana voy a LA,” continuó, “pero regreso en un par de semanas… deberías pasar un tiempo trabajando en algunas canciones… quizá podrías venir y platicaremos, nos enseñas algunas canciones cuando regrese… podemos ayudarte a desarrollarlas…”

Si, si. Esta completamente seguro de que nunca volvería a escuchar de él. Mascullé algo en el teléfono y colgué. Mis sueños estaban destrozados.

Las dos semanas siguientes fueron horribles. Fui de uno de los mejores momentos de mi vida a uno de los peores. Obviamente Rashman me había engañado, y no creo haber tocado una guitarra en ese tiempo, mucho menos trabajé en canciones. Así que cuando el teléfono sonó quince días después y una cansada voz estadounidense dijo “Hola, Tom, ¿por qué no vienes a verme mañana?” estaba sorprendido y nada preparado. No era un escritor modelo. Las primeras canciones que había escrito habían sigo para mi clase de música cuando tenía 15 años: dos canciones, completamente terribles. Lo único que podía recordar es que una de ellas era un plagio de una canción de Green Day. No creo haberla plagiado intencionalmente, pero empezaba a conocerme como compositor, aprendiendo como estructurar melodías, así que no es una sorpresa que las cosas que escuchaba en ese tiempo terminaran inconscientemente en mis canciones.

Necesitaba desesperadamente algo para el siguiente día – no podía presentarme y tocar “I’m in love with a whore” cinco veces más. Una vez fue demasiado. Pasé la noche improvisando un par de canciones. Mi corta experiencia con Busted me había enseñado que era posible escribir canciones decentes sobre cosas tontas de adolescentes, y me dio un poco de confianza pensando que era algo que podría hacer.

No puedo decir honestamente que logré algo esa noche. Los canciones que hice eran probablemente peores que “I’m in love with a whore.” La mejor de todas se llamaba “Hot chicks dot com3“, sobre las delicias de encontrar fotos de tu mamá en un sitio pornográfico. No esperen escucharla – convenientemente bloqueé los detalles de mi mente.

El siguiente día, armado con una guitarra y un puñado de mis canciones, fui a ver Richard y Fletch de nuevo.

Toqué mis canciones.

Fletch miró a Richard.

Richard miró a Fletch.

Fletch me miró a mi.

Y luego empezó a decirme, largo, tendido y con gran detalle, que clase de porquería eran.

Fletch no se contuvo – después aprendí que es algo que hace – y sentí como si me estuviera golpeando con un martillo. No estaba muy equivocado, de hecho. Fletch es un pianista brillante y un gran músico, e identificó pequeñas secciones de ciertas canciones que eran potencialmente buenas. Me dijo que partes podían convertirse en ganchos4, y me enseño como debían estructurarse las canciones. Cuando llegó el momento de irme, me dio lo que parecía ser tarea. “Ve y escucha canciones famosas,” me dijo. “No importa si no te gustan, lo importante es que son famosas. Descubre qué tienen en común. Descubre cómo hacerlo.”

Salí de esa sesión con la sensación de que Richard y Fletch hablaban en serio cuando decían que querían trabajar conmigo. También me di cuenta, que no era fácil impresionarlos. Si iba a lograr algo con ellos, tendría que elevar las apuestas.

De regreso en casa, me dediqué a la tarea de Fletch con mucho más entusiasmo del que jamás había tenido por las tareas que me dejaban los profesores en la universidad. Escuché todo y nada – no solo lo famoso del momento, como los Backstreet Boys y Britney, pero también rock pesado estadounidense que en verdades gustaba, Limp Bizkit y Blink-182 y Green Day. Me pregunté: ¿Quiénes son los mejores escritores de todos los tiempos? La respuesta era obvia para mi y para cualquiera al que le preguntara: Lennon y McCartney. Fui y compré todos los discos de los Beatles y me obsesioné con ellos. Me sorprendió que ya me sabía todas las canciones, a pesar de que nunca había escuchado un álbum de los Beatles. Estas canciones parecían estar implantadas en mi subconsciente, y ahora que las escuchaba debidamente, decidí que eran lo mejor había escuchado. Fueron las melodías de Paul lo mejor para mi, y escuchando a los Beatles fue que empecé a aprender debidamente lo que era un gancho, y un puente (la sección a mitad de una canción – que usualmente dura ocho tiempos – que trae nuevas ideas o acordes para mantener interesado a quien escucha). Gradualmente traté de incorporar esto en las canciones. Poco a poco mejoraron.

Seguí en contacto con Fletch y Richard. De vez en cuando nos reuníamos. Les tocaba las canciones en las que estaba trabajando y ellos me daban palabras de aliento y me contaban qué estaba pasando con Busted – les habían ofrecido un contrato y estaban grabando su primer álbum – y me enseñaban sus demos. Tenía sentimientos encontrados. Seguía deprimido por no estar en la banda, pero una parte mi estaba complacido de haber sido parte de ello, incluso si esa parte fuera haber estado en la banda por 2 días antes de que me sacaran. Como resultado tenía un modo creativo de librarme de la universidad. Eso solo me impulsaba a mejorar, y me hacía mantenerme en contacto con Fletch y Richard ahora que veía que en verdad podía suceder algo.

También me mantuve en contacto con otra persona: Giovanna. A pesar de que no estábamos juntos y ella tenía otro novio, le enviaba descaradamente estas canciones de amor que estaba escribiendo. No puedo imaginar que el chico con el que estaba saliendo estuviera contento, pero hey: quizá no tenga mucha confianza, pero soy persistente.

Los meses pasaron. Seguía escribiendo y enseñándoles mis canciones a mis casi-managers. Entonces, un día, les toqué una canción llamada “Hot date5.” Cuando terminé, Fletch se volteó hacia mí y, en vez de destrozarla como solía hacer, dijo “Felicidades, has escrito la primera canción que puede servir.” Nunca sirvió de algo, y gracias a Dios, porque de vez en cuando los chicos de McFly ponen un demo que hice de la canción y se burlan de mi. ¡Gracias chicos!

Richard y Fletch no estaban ilusionándome. Conforme mi habilidad para escribir canciones mejoraba, la idea era encontrarme un compañero escritor para que trabajara con él, y un día Fletch me dijo que quería que me juntara con un chico llamado Gary para que trabajáramos en algunas de mis canciones y ver si nos llevábamos bien. Gary vivía en Newcastle, parecía un chico normal, y tenía una buena voz. Gary era un chico mucho más genial que yo (lo que no era muy difícil), pero contaba con que nos llevaríamos bien. Gary vino a quedarse a la casa de mis padres, y por unos meses fuimos el inicio de una banda. Fue con él que hice el demo de “Hot date” y un par de canciones más llamadas “Leap of faith6” y “Anything7.” Empecé a sentir que algo tomaba forma. Veíamos a los chicos de Busted de vez en cuando. Escuchaban nuestros demos y la respuesta era asombrosa. Y a pesar de que seguía en la universidad, todo parecía ir bien.

Un día, Gary y yo fuimos al hotel de Richard para tocarle unas nuevas canciones. Nunca tuvimos la oportunidad. De la nada, Gary anunció que ya no le interesaba lo que estábamos haciendo. Quería regresar a casa. Quizá estaba nostálgico, quizá era más que eso. Lo que fuera, esta era la primera vez que lo escuchaba, a pesar de que había estado quedándose conmigo y mi familia por meses. Su papá era constructor, y Gary había decidido que quería trabajar con él que pasar más tiempo tratando de tener éxito en una banda.

Genial. Volvía a no tener nada. ¿Qué se suponía que hiciera ahora?

Una vez más no tenía a nadie con quien estar en una banda. Era un momento terrible, que mejoró solo cuando James Bourne de Busted le sugirió a Fletch y Richard que ahora que ya había aprendido como estructurar canciones de manera correcta, él y yo deberíamos juntarnos para escribirlas. Aproveché la oportunidad.

Busted acababa de grabar su primer álbum, pero la fama seguía a la vuelta de la esquina. Vivían juntos en una casa, en un lujoso y exclusivo fraccionamiento al norte de Londres, llamado Princess Park Manor. Manejé allí una tarde en mi viejo coche para reunirme con James, y casi se me salen los ojos. Era sin duda el lugar más lujoso que jamás había visto. El edificio era una vieja institución mental, con una arquitectura impresionante, con 3 habitaciones suite, techos altos y la televisión más grande que jamás había visto. La idea de 3 chicos viviendo juntos en un lugar así me parecía la cosa más genial.

Pero más genial que eso era el entendimiento que James y yo teníamos. Desde que nos conocimos hicimos click. Amábamos las mismas películas – clásicos de los 80 como Back to the future y Cocoon, el tipo de cosas que mi mamá había traído a casa de la tienda de vídeos hace tantos años, y que nadie en la escuela habría admitido que le gustaban. Éramos una pareja de nerds. Creía que James era gracioso, y habiendo llegado para esa primera sesión de escritura a las 8 de la noche, no me fui hasta las 5 de la mañana. Creo que ambos sabíamos que habíamos tropezado con algo muy especial. Juntos escribimos una muy buena canción llamada “Chills in the evening8,” e hicimos una cita para vernos de nuevo. Y cada que lo hacíamos, las canciones fluían – tanto, que al final dejé la universidad porque pasaba cada noche en la casa de la banda, escribiendo con James y llegando a casa muy tarde.

A pesar de que admiraba mucho a Matt Willis desde que estábamos en la escuela, creo que ahora me daba cuenta que tenía más cosas en común con James. Conforme pasaba el tiempo, me di cuenta que en James había encontrado un gran amigo y mentor. Él me enseño todo lo que sé sobre escribir, y en verdad creo que es uno de los talentos más subestimados de nuestro tiempo – un genio con una increíble y contagiosa energía creativa. Y si no fuera por James Bourne, McFly jamás habría existido.

Busted tenían un contrato con Universal Records. Cuando su primer sencillo y álbum llegaron a los estantes, y se hizo claro que serían algo grande, Universal se acercó a Fletch y Richard para manufacturar una boy band más tradicional, más que una banda con guitarras como Busted. Me dijeron que podía estar en ella si quería, pero sabía que no sería feliz en ese tipo de banda. Quería hacer lo mío, escribir mis propias canciones, tener mi propia banda, tocar un instrumento. En vez, fui con Richard y Fletch a recorrer el país audicionando chicos para la banda que se convertiría en V. Me pagaban para ir con ellos y ayudarlos con el proceso, seleccionando a los buenos aspirantes y grabando las audiciones. Quizá, pensábamos todos, podría encontrar a alguien que se ajustara al tipo de banda que quería crear.

Las audiciones se hicieron en diferentes locaciones en el país. Ya que estaban organizadas por Universal Records y los managers de Busted no fue una sorpresa que hubiera mucha asistencia, con candidatos muy fuertes. Esto era una verdadera boy band, así que puedes imaginarte el tipo de personas que se presentaron: chicos con el cabello teñido de amarillo estirándose en los corredores y cantando canciones de los Backstreet Boys y Justin Timberlake. Talentosos, pero era difícil diferenciar a uno de otro. Eran demasiado perfectos para lo que estaba buscando. Y no había una sola guitarra eléctrica a la vista…

Hasta que llegamos a Manchester. Un joven entró, e inmediatamente me llamó la atención porque no era musculoso ni perfecto, ni estaba haciendo la “caminata lunar” en la sala de calentamiento. Estaba vestido de forma diferente que el resto, y de cientos de personas que habíamos visto en todo el país, él era el primero en presentarse cargando una guitarra.

Se veía como un chico genial. Su nombre era Danny Jones.



1 Royal Air Force – Fuerza Aérea Real
2 Estoy enamorado de una prostituta
3 Chicas calientes punto com (Si, en el modo pervertido)
4 Hooks – ganchos. La parte de la canción que se te queda de un modo u otro. Como el “Baby, baby” de Justin Bieber.
5 Cita caliente (Si, en el modo pervertido)
6 Salto de fé
7 Cualquier cosa
8 Escalofríos en el anochecer

8 pensamientos en “El alien en la ventana

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