22

Queriendo estar sola, subo a mi vieja habitación y cierro la puerta en cuanto entro. Parada ahí no puedo evitar sentirme decepcionada cuando veo las paredes rosas y la decoración de cuando era péquela, como ha estado los últimos 15 años. Todo lo que una vez fue tan familiar para mí ahora me es extraño, incómodo. Después de permitirme dejar Rosefont Hill para experimentar lo que la vida me ofrecía, mi habitación se siente pequeña e indigna. Siento que he retrocedido – es humillante.

Pero estoy segura aquí, me recuerdo.

Dejando mis maletas en el suelo, cierro las cortinas – irritada por la luz que pasa entre ellas, haciendo que el mundo es brillante cuando obviamente no lo es. En la cama, me acuesto bajo la sábana y encuentro a Mr. Blobby esperándome. Entierro mi rostro en su estómago.

No quiero hacer nada más que hibernar aquí por el resto de su vida. Recostada en la oscuridad, sin querer enfrentar el mundo.

Mis lágrimas han dejado de fluir, parecen haberse secado por ahora. Me rodea una parálisis mientras sigo reflexionando en dónde salieron mal las cosas.

En retrospectiva, nunca me sentí suficiente. Al principio el sentimiento no venía de Billy, para nada; por mucho tiempo me sentí como su mundo, pero el sentimiento vino de la gente en la vida de Billy que no podía entender que se hubiera enamorado de una chica “normal” cuando podía haber tenido mucho más, gente como Paul y Heidi.

En esa primera Noche de Prensa, cuando me paré sola, viendo todo a mi alrededor, me sentí como una forastera; sentí que no estaba a la altura de toda la grandeza que me rodeaba. Incluso después de eso, cuando me incluyeron más, nadie quería hablar en realidad conmigo, querían hablar con Billy. Yo solo era alguien con quien se quedaban si él estaba hablando con alguien más. Muchas personas fingieron interés, si eran lo bastante educados, y algunos me ignoraron, prefiriendo estar en silencio a mi lado, viendo hacia Billy, esperando a que se desocupara. En esas ocasiones, me preguntaba por qué esas personas elegirían hablar conmigo, y eso se notaba cuando me paraba incómodamente a lado de Billy, luciendo un poco fuera de mi elemento. Podrías decir que me hice “insuficiente” desde el principio. La idea siempre estuvo en mi mente, comiéndome por dentro.

Dejé mis sueños y ambiciones a un lado, y con felicidad, tratando de que nuestra relación funcionara – Billy es una superestrella, que tiene éxito haciendo grandes cosas y ganando elogios de la crítica; su trabajo y sus sueños siempre iban a ser más importantes que los míos, porque su éxito era a mucho mayor escala. Lo que fuera que yo lograra en la vida siempre palidecería en comparación a su éxito – pensamientos como esos son los que hacen que nuestra vida esté enfocada solo en uno de nosotros. El énfasis siempre estuvo en lo que Billy hacía, y cómo podía encajar en sus planes para facilitar su vida. Mi propósito era hacer feliz a Billy, recibirlo amorosamente en una casa cálida y limpia todas las tardes. Todo suena pintoresco y dulce, pero terminé viviendo mi vida por él sin tener nada para mí, nada de qué enorgullecerme. Me perdí a mí misma.

Ocasionalmente, pienso ciertas cosas y me pregunto si son reales, o si es más fácil para mi cerebro recordar y ver todos los errores tratando de superar el dolor que siento. Después de todo, no siempre me sentí mal, no siempre me sentí como si fuera nada; eso ocurrió solo en algunos momentos; aunque el sentimiento que causaban se quedó, porque siempre vi la verdad en ellos. Me ayudaron a alimentar mis propias inseguridades.

Extraño a Billy.

Si Billy fuera arrancado de su vida y capaz de existir como el hombre que conocí y del que me enamoré, sé que seríamos felices juntos, si la relación fuera más balanceada. Aunque sé que la igualdad nunca podría existir si él se queda en su profesión. Siendo honesta, tiene demasiada gente besándole el trasero, diciéndole cuán maravilloso es y qué debería estar haciendo con su vida. Nunca ha sido capaz de vivir por sí mismo.

Billy no ha aparecido en casa de mi mamá, ha respetado que le pedí que no lo hiciera, aunque me ha dejado un montón de llamadas perdidas y textos. Cada que veo mi teléfono hay algún mensaje de él, junto con una o dos llamadas perdidas de Molly, aunque incluso ella ha dejado de intentarlo por un par de días. Sé que habrá leído los periódicos y estará preocupada por mí, pero no he tenido la energía o el entusiasmo para hablar con alguien. Estoy sorprendida de que no haya aparecido en la puerta, trayendo pastel para curar mi roto corazón. Quizá mamá le dijo que aún no estoy lista para tener visitas.

Veo las fotos en la pared rosa de mi habitación, habiéndolas colgado en cuanto regresé, y pienso en papá, tratando de bloquear todos los otros pensamientos que molestan en mi cerebro, concentrándome en su brillante sonrisa, sus amables ojos cafés y el amor que acompaña cada imagen.

Por cinco días he estado bajo la sábana de la cama, el tiempo pasa entre lágrimas, mocos e infinitas tazas de té y pan. Hasta ahora, mi deseo de bloquear al mundo exterior ha sido honorado y me han dejado en mi pena, pero sé que mamá no me dejará seguir así por siempre. En lo últimos dos días, cada que entra se queda en mi cada, ansiosa por decir algo, pero siempre decide callarse en el último segundo y se va. Nunca hemos estado en esta situación antes – una en la que ella me cuida, tratando de encontrar las palabras correctas para sacarme de mi estupor. No puedo evitar sentir pena por ella y sus esfuerzos.

Cuando mamá toca la puerta de mi habitación por cuarta vez esta mañana, la escucho susurrarse algo y sé que esta vez no se irá sin tratar de hablar.

Después de entrar, mamá pone otra taza de té en mi mesita, junto a la montaña de pañuelos desechables que he creado, y se sienta a mi lado en la cama. Voltea a verme, con cara triste – una que está llena de empatía y posiblemente imitando mi propia expresión.

‘Amor, no puedes quedarte en cama y llorar por el resto de tu vida,’ dice suavemente, mientras se concentra en quitar el cabello de mi rostro.

‘¿Por qué no?’ rehúyo.

‘Porque… no puedes.’

Insatisfecha con su respuesta me quedo en silencio y me le quedo viendo.

‘Soph, sé cómo se siente querer aislarte del resto del mundo, pero no te hará bien.’ Suspira y desvía la mirada, viendo mi habitación – mis muñecas, osos y libros. Sus ojos descansan en los marcos frente a nosotras. ‘Hice un mal trabajo ¿no? Después de que tu papá muriera.’

‘¡No!’

‘Si, lo hice. Está bien,’ dice calmadamente, ‘Puedo admitirme eso a mí misma. Sé que fui pésima. No podía funcionar ¿sabes?’ dice, viéndome antes de regresar su atención a las fotos. ‘No entendía el punto de pararme en la mañana. No podía superar el hecho de que se hubiera ido.’

‘Fue difícil para ti mamá,’ digo, sentándome.

Esta no es la conversación que creí que tendríamos – pensé que iba a hablar de los chicos y los corazones rotos. No esperaba que hablara de papá, especialmente no de su muerte.

‘Lo fue, pero debí haber recordado que tenía una niña de 11 años en casa que necesitaba a su madre,’ continua calmadamente. ‘Ni siquiera pensé en cómo te afectaba la situación a ti. Olvidé que tú también estabas herida. Fue horrible.’

‘Mamá, no tienes que –’

‘Sophie, no estoy buscando excusarme. Estoy tratando de explicar,’ dice suavemente, interrumpiéndome. ‘Sentí que ya no sabía quién era. Había perdido mi presente y mi futuro – lo único que quería hacer era aferrarme al pasado – pero era demasiado doloroso pensar en el pasado. Éramos tan felices, y de pronto él se había ido,’ pausa y mira sus manos mientras las junta. ‘Era tan joven – fue tan injusto. No podía entenderlo. Solo podía pensar en la vida que habíamos perdido. No podía soportar la idea de que tenía mucha vida que vivir sin pel. Que él se había perdido de tanto.’

No digo nada, dejando que mamá exprese estos sentimientos que nunca ha podido compartir conmigo. Me inclino para tomar su mano, presionándola suavemente. Haciéndole saber que estoy aquí. Escuchando.

‘Y luego pienso en tu hermanito o hermanita que nunca tuvimos. Le fallé. Le fallé a tu papá porque no pude hacer eso bien.’

‘¡Mama, eso es una tontería!’ protesto, siento el nudo en mi garganta cuando menciona esa otra vida.

‘Y luego estás tú… mi mayor arrepentimiento es que dejé que la vida se detuviera para ti.’

‘Pero fue mi culpa,’ digo sin pensar.

‘¿Qué?’

‘La muerte de papá… todo.’

‘¿Por qué piensas eso?’

‘Por nuestra pelea. Porque era una niña malcriada y quería malvaviscos. Porque si no los hubiera demandado, papá seguiría aquí.’

‘Si quieres irte por el camino de la culpa podría decir que fue mi culpa por no darme cuenta que ya no teníamos malvaviscos cuando hice las compras.’

‘Eso es estúpido.’

‘También lo es el que pienses que es tu culpa,’ dice tercamente, antes de sacudir la cabeza. ‘Debí haber insistido en que las dos tuviéramos ayuda de inmediato – terapia o cualquier cosa. No puedo creer que nos haya dejado andar como zombies durante tanto tiempo – que te deje quedarte en casa a cuidarme en vez de vivir tu vida’

‘Pero yo no quería ir a ningún otro lado, mamá.’

‘¿Y por qué no? Dime honestamente por qué te quedaste en casa,’ dice, apretando mi mano.

Me detengo antes de responder. Compartir los pensamientos en mi cabeza podría molestar a mamá, pero ¿sería mejor para nosotras decir todo lo callado por fin, tanto tiempo después de los acontecimientos que han marcado, sin duda, nuestra vida?

‘Estaba asustada,’ digo de manera casual, sin permitir que la emoción me embargue – asegurándome que mis palabras pueden ser escuchadas. Que finalmente nos podemos comunicar. ‘Miedo de lo que te podrías hacer a ti misma si no me tenías aquí para cuidarte.’

Mamá me mira asintiendo tristemente.

‘Nunca te guardé rencor, mamá.’

‘Pero detuviste tu vida para cuidarme.’

‘¿Qué vida?’ digo con una sonrisa. Para entonces ya no tenía amigos de verdad. No es que muriera de ganas de dejarte para estar con ellos. Para cuando te desmoronaste, mamá, estaba tan aliviada de tener un poco de ti de vuelta que hubiera dado cualquier cosa para estar contigo. Sí, fue duro. Sí, fue doloroso verle en tal estado. Pero no había nada que me hiciera dejarte e irme.’

Miro nuestras manos entrelazadas mientras los recuerdos de mi infancia y de la niña que una vez fui parpadean en mi mente.

‘A veces me pregunto cómo hubiera sido mi vida si papá no hubiera muerto – y no sólo porque él hubiera estado aquí con nosotros, pero miro quién soy ahora y me pregunto quién me hubiera sido si no hubiera tenido que vivir esa pérdida.’

‘Antes eras una cosita brillante como – una burbuja de energía.’

‘Mira, me veo como dos personas separadas – antes y después.’

Mamá asiente.

‘No sólo nos arrebataron a papá, pero sentí que también me arrebataron mi niñez. Era tan diferente a todos los demás. Sabía cosas que no debía saber, sobre cuán cruel puede ser la vida y la rapidez con que puede ser aplastada.’

‘Te viste obligada a experimentar tanto tan joven.’

‘Si… y creo que por eso me aislé de todo el mundo.’

‘¿Crees que hubo un efecto en cadena? ¿Con sus relaciones como un adulta?’ pregunta. Me sorprende la franqueza de la pregunta, de toda la discusión que hemos tenido, pero se siente bien compartir. Sacar los molestos pensamientos de mi cabeza.

‘Definitivamente. Ahora estoy mejor que antes, pero sigue ahí a veces. El miedo de acercarme a alguien en caso de que me dejen.’

‘Aunque bajaste la guardia con Billy.’

‘Sí, y mira donde que me tiene.’

‘Soph, ¿no crees que estás siendo actuando demasiado rápido?’

‘¿Qué quieres decir?’ suelto de repente, alejando mis manos de las suyas, rompiendo la facilidad de nuestra conversación al ponerme a la defensiva. Interiormente me estremezco por mi tono – sé que mamá está tratando de ayudar. ‘Lo siento,’ digo en voz baja.

‘Está bien amor,’ dice mientras se levanta. ‘Aunque encerrarte en tu cuarto no te va a ayudar en nada…’

‘Lo sé, mamá. Pero no estoy lista para enfrentar a nadie todavía. Necesito tiempo.’

Se inclina y planta un beso en mi mejilla. ‘Sólo recuerda que todos estamos esperando a que regreses.’

Se va y me recuesto bajo el edredón, una vez más.

Después de unos días de soledad por fin reúno la energía para bajar a la cocina, necesitando algo más que el té y pan que mi madre me ha estado trayendo. Estoy a mitad de camino cuando la escucho a ella y a Colin hablando en voz baja. Estoy a punto de darme la vuelta y correr al piso de arriba, sin ganas de ver a Colin, cuando las palabras de mamá me detienen.

‘No puedo creerlo’, dice. ‘Dijeron que está empeorando muy rápido.’

‘Tienes que decirle ya.’

‘Pero sigue muy frágil, Colin. No sé cómo le caería esto.’

‘Jane, tiene el corazón roto. Eso es todo.’

Quiero gritar señal de protesta, decirle a Colin que creo que es un idiota por ser tan frívolo con lo que estoy pasando, pero no lo hago, porque tengo que saber qué me están ocultando.

‘¿Puedes imaginar cómo se sentiría si ella muere sin haberse despedido?’, continúa. ‘Sería devastador para ella. Necesitas decírselo para que pueda ir a verla.’

‘¿Decirle qué?’ digo en voz baja en la puerta. Con miedo de lo que estoy a punto de escuchar.
Ambos me miran por lo que parece horas, antes de hablar.

‘Amor…’ dice mamá finalmente, en su frente aparecen arrugas de preocupación, claramente dolida por lo que las noticias que tiene que darme.

‘Sólo dilo.’

‘Molly no está bien.’

‘¿Qué le pasa?’

‘Es cáncer.’

Mi corazón deja de latir por la palabra. No respondo. Me quedo en silencio mientras mamá me cuenta más detalles.

‘Parece que lo ha sabido hace bastante tiempo, desde antes de que te mudaras a Londres, de hecho. Fue entonces cuando encontró un bulto en su pecho, que resultó ser maligno. Hasta que le realizaron pruebas encontraron que también estaba en sus pulmones y columna vertebral. Entonces le dijeron que era terminal.’

Abro la boca por la sorpresa. Ha estado siendo atacada por meses y no me lo contó.

‘¿Por qué no me lo dijo?’

‘No le dijo a nadie. Creo que no quería ser una carga.’

‘Pero podríamos haber ayudado,’ rechino, incapaz de entender por qué Molly habría optado por pasar por esto sola. ‘¿Dónde está?’

La habitación se hunde en silencio, mamá no se atreve a decirme, ocultando su rostro en sus manos con tristeza.

‘¿Dónde?’

‘En el hospicio.’

‘¿Qué?’

No sé mucho sobre hospicios, pero lo que sí sé es que son lugares en los que la gente extremadamente enferma va a morir.

Molly está a punto de morir.

Mi mejor amiga, la persona que amo más que a nada, está a punto de morir.

La persona que amo, pero que he ignorado durante la última semana porque he estado tan absorto en mí misma, está a punto de morir. No ha estado llamando para ver cómo estoy. Ha estado llamando para contarme su propia angustia.

‘Te llevaré allí, si quieres,’ ofrece Colin. Es la primera vez que ha hablado desde que entré en la habitación.

Asiento con la cabeza, tratando de darle sentido a las noticias.

‘¿Podemos ir ahora?’ le pregunto, sin importar que he estado encerrada en mi habitación durante días sin bañarme, que estoy usando mis pantalones de pijama rosa y blanco a rayas con una sudadera gigante gris ni que me veo horrible.

‘Por supuesto’ dice. ‘Pero…’

‘Pero ¿qué?’

Mira hacia el suelo, frunciendo los labios con duda.

‘Hay un fotógrafo fuera.’

‘¿Qué?’

‘Ha estado aquí desde hace días.’

‘Oh amor, no queríamos preocuparte, especialmente porque has estado en tu habitación sin planes de salir’ explica mamá. ‘Pensamos que finalmente se aburriría de estar sentado allí.’

Sacudo la cabeza por la vulgaridad de la situación.

‘Así que básicamente está a la espera para la primera foto mía desde la ruptura, de preferencia si me veo como mierda.’

‘¡Sophie!’ me regaña mamá, nunca antes me había escuchado maldecir.

‘Vamos a darle lo que quiere ¿de acuerdo? Entonces podrá largarse y me dejará en paz. Vamos,’ ordeno caminando hacia la puerta y tomando mis botas.

Mamá y Colin me siguen tímidamente, sin duda sorprendidos por mi actitud.

En cuanto abro la puerta veo al idiota mientras rápidamente sale de su camioneta blanca, usando una gorra de baseball y una chamarra de cuero y salta hacia mí. De inmediato alza su cámara y empieza a tomar fotos.

‘Encantado de verla finalmente señorita May. Empezaba a pensar que tenía la dirección equivocada,’ grita, corriendo hacia atrás frente a mí. ‘Lamento escuchar lo que paso entre usted y Billy. ¿Tiene algo que decir sobre la situación?’ ¿Ha sabido algo de él? ¿Ya le rogó que lo disculpara?’

Concentrándome en el pavimento, aprieto la mandíbula para evitar contestarle y me abro camino hacia el Ford Mondeo plateado de Colin, eligiendo ignorarlo. Sé que busca que reaccione de algún modo, ¡aunque creí que una foto mía en este estado habría sido suficiente para satisfacer sus necesidades!

Previendo que no cooperaré, continua.

‘Todos nos hemos sentido mal por ti. Debió de haber sido horrible verlo tan cerca de Heidi. Aparentemente ya regresó a trabajar, actuando como si nada hubiera pasado, debe de ser doloroso escucharlo – pensar que volvió al set. Otra vez con ella sin siquiera pensar en ti. No los han vuelto a fotografiar juntos, supongo que te agradará escuchar eso. Aunque no significa nada, probablemente están todo el tiempo juntos en la cama, recuperando el tiempo perdido.’

Antes de subirme al coche, hago algo impensable; le enseño el dedo medio.

No hablo en el coche. Estoy molesta de que los medios sean tan horribles como para perseguirme para poder escribir un estúpido artículo sobre cuán destrozada y devastada estoy sin Billy, pero para ser honesta, no me importa. El mundo no tiene importancia ni relevancia sabiendo que Molly me dejará.

Miro por la ventana y absorbo el mundo. Viendo a la gente seguir con su día, inconscientes de que una de las mejores personas del mundo está en la puerta de la muerte.

Pienso en todas las llamadas que no contesté, las veces que intentó que la escuchara, y simplemente la ignoré. Trató de recordar la última vez que intentó llamar… ¿fue ayer o antier? ¿Por qué no me dejó un mensaje diciéndome la verdad? ¿Aunque qué habría dicho? ‘Hola Sophie, soy Molly. Solo quería hacerte saber que me estoy muriendo. Y que eres una pésima amiga.’

Oh Molly…

Cuando nos estacionamos en el hospicio, Colin se estaciona y apaga el coche. Mamá y él se quitan el cinturón pero se quedan en el coche.

‘¿Estás bien amor?’ pregunta mamá, volteándose en su asiento para verme.

Asiento con duda.

‘¿Esta bien si la veo primero, sola?’

‘Claro Sophie,’ dice, mientras se inclina y toma mis manos, frotándolas. ‘Entra y yo puedo verla después. ¿Qué tal?’

‘Gracias.’

‘¿Quieres que te acompañe adentro? ¿O prefieres que me quede aquí?’

‘No, quédate aquí,’ digo y salgo del carro.

Mis pasos son inestables mientras camino hacia la señal de entrada por el camino de piedras, temblando involuntariamente por los nervios.

Cuando llego a la recepción una señorita de cara redonda, cabello corto amarillo y un gran fleco me saluda.

‘Hola cariño. ¿Cómo puedo ayudarte?’

‘¿Vengo a ver a Molly? ¿Molly Cooper?’

‘¿Cuál es tu nombre?’ pregunta, llenando un formato.

‘Sophie May.’

Levanta la cara e inspecciona mi rostro antes de sonreírme.

‘¡Así que tú eres Sophie! Ha estado preguntando por ti desde que llegó.’

‘¿En serio?’

‘Sip. Estará encantada de que hayas venido.’

Le devuelvo la sonrisa, insegura de qué decir.

‘Está en la habitación 7, al fondo del corredor a tu izquierda.’

‘Gracias,’ digo, dándome la vuelta para irme.

‘La puerta de Molly es la única cerrada – se ha estado quejando del ruido de los otros pacientes. Creo que está frustrada porque no puede salir a ver qué pasa,’ sonríe con preocupación. ‘Debo advertirte, está muy débil y cansada. No dejes que eso te espante. Y no te ofendas si se queda dormida mientras le hablas, me ha hecho eso muchas veces, así que espero que no sea algo personal. Estará feliz de verte.’

No puedo hablar, ya siento la emoción en mi garganta. Le doy una sonrisa adolorida y empiezo a caminar hacia la habitación de Molly.

Caminando por el pasillo verde escucho gritos de dolor y sollozos saliendo de cada habitación que paso, haciéndome mirar por cada puerta, aunque sé que no debería. Algunos llantos son de los pacientes que lloran de dolor o confusión, preguntándose dónde están o qué les pasa. Otros son de las familias que se paran a su lado, devastados al ver alguien a quien aman tan cerca de la muerte. Es atemorizante verlo y hace que mis adentros se retuerzan.

Mis pasos se hacen más lentos y pesados cuando me acerco a la puerta cerrada de Molly, el miedo me domina. Afuera de su habitación, me detengo antes de entrar, tratando de controlar mi respiración que se ha vuelto errática y sigue atorándose en mi garganta.

Sabiendo que lo que veré del otro lado me sorprenderá y afectará, me preparo para lo peor diciéndome que debo esperar ver a Molly enferma y demacrada, pero no parece real o posible que ella esté del otro lado de la puerta. Me encantaría salir corriendo y fingir que nada de esto está pasando, bloquear todo, pero nunca podría hacerle eso a Molly, sabiendo que me necesita, que ha estado preguntando por mí, y que he aumentado su angustia al ignorar sus llamadas.

Aterrorizada, en silencio giro el pomo y abro la puerta. Mientras entro, la imagen frente a mí envía dolores a mi pecho y nariz. Aprieto la mandíbula y las manos, tratando de detener las lágrimas que amenazan con salir.

No soy consciente de nada en la habitación más que Molly: la dulce, amable y maravillosa Molly. Recostada en la cama de un hospital, viéndose diminuta y frágil. Levantada por almohadas y cubierta con sábanas blancas.

Su rostro delgado y gris, casi transparente, me permite ver cada vena debajo de la piel. Los huevos de sus ojos parecen haberse hundido en su rostro, y su barbilla parece haber desaparecido por completo por la pérdida de peso. Aunque sus pómulos resaltan afiladamente, haciéndola ver más alienígena que humana. Veo como su pecho sube y baja dramáticamente, mostrando cómo su respiración es pesada y difícil.

Lentamente, Molly abre los ojos, consciente de que hay alguien en la habitación con ella. Todo mi cuerpo se tensa con sorpresa al ver sus una vez brillantes ojos, ahora vidriosos y grises. Un vacío detrás de ellos, como si ya hubiera desaparecido.

‘¡Hola patito!’ dice, su voz rasposa y débil, aunque de algún modo suena alegre. ‘¡Viniste!’

Levanta una temblorosa mano para que la tome, parece que mi presencia le dio un impulso de energía. Rápidamente me muevo hacia ella y gentilmente tomo la mano que me ofrece, maravillada por su delgadez, la fragilidad en esos dedos huesudos que algún día fueron lo suficientemente fuertes para hornear todo el día, la piel tan delgada y delicada; tan fútil.

‘Hola tú,’ digo cálidamente, maldiciéndome cuando algunas lágrimas se me escapan.

‘Estoy tan feliz de que estés aquí cariño. Tan feliz,’ dice, haciendo un esfuerzo por levantar mi mano y besarla, la acción causa un nudo en mi garganta y pecho. La veo mientras cierra los ojos por un momento, viéndose en paz y contenta.

No puedo hablar mientras las lágrimas siguen fluyendo.

‘Oh Molly,’ sollozo, la emoción me controla.

‘No tiene sentido llorar ahora patito,’ dice abriendo los ojos y viéndome con preocupación.

‘Debiste haberme dicho.’

‘No quería que nadie supiera.’

‘¿Por qué?’

Molly no responde, solo hace caras, cerrando los ojos de nuevo.

‘¡Eres mi amiga más antigua Mol! No he estado aquí para ti y debí haber estado. Debí haberte estado cuidando Mol. Y en vez de eso he estado demasiado preocupada por mí misma.’

‘Has hecho más de lo que crees, simplemente al estar aquí,’ dice en silencio, con los ojos cerrados, llevando mi mano a su pecho. ‘Mi mejor amiga. Mi niña.’

Con la mano desocupada, tomo su otra mano y me arrodillo cerca de ella, viendo mientras entra y sale del sueño. A veces su rostro es la imagen de la calma, en paz con lo que viene, quizá soñando con ver a Albert de nuevo la llena de emoción. Aunque también hay momentos en los que denota confusión y dolor, y me cuesta trabajo mirarlo.

Me siento tan inútil sabiendo que es cuestión de tiempo y que no puedo hacer nada para evitar que muera, sin importar cuánto lo quiera.

Sigue intentando despertarse para hablar conmigo, pero no tiene la energía así que toma un gran respiro, abre un poco los ojos para revisar que sigo con ella y los vuelve a cerrar. Puedo ver que está cansada y que necesita descansar, pero sé que no lo hará si sabe que sigo aquí.

Recordando que mamá también quería entrar a verla, me enderezo queriendo irme antes de cansarla más.

‘Estoy tan orgullosa de ti Sophie,’ dice, abriendo los ojos y viéndome.

Me siento indigna del comentario, segura de que no hay nada en mí de lo que estar orgullosa. Especialmente porque parece que últimamente arruino todo.

Me inclino sobre ella y le doy un beso en la mejilla, antes de descansar mi rostro en el suyo y susurrar en su oído.

‘Te amo Molly. Gracias por cambiar mi vida. No tengo duda de que no podría haberlo hecho sin ti. Te amo Mol,’ digo, apretando su mano y girando hacia la puerta para irme.

‘Te amo Sophie,’ dice Molly, abriendo los ojos de nuevo. ‘Te amo Sophie. Te amo Sophie,’ repite una y otra vez con voz ahogada. Lucho para mantener el control mientras salgo de la habitación y cierro la puerta.

No doy ni dos pasos antes de recargarme en la pared para estabilizarme. Me deslizo hasta el suelo y abrazo mis rodillas. La última oración de Molly resuena en mis oídos, haciendo que siento una abundancia de amor y una dolorosa cantidad de dolor al mismo tiempo. Era un entendimiento mutuo de que nunca nos volveremos a ver. Eso fue todo. Nuestros años de amistad nos llevaron a esta despedida final.

Estoy sorprendida por su transformación y destrozada por su debilidad.

¿Cómo puede ser la vida tan cruel con alguien que lo da todo?

No es necesario decir que no duermo. Solo puedo pensar en Molly, acostada en su cama en el hospicio. Completamente sola.

Me pregunto qué pasa por su cabeza. ¿Tiene miedo de lo que va a pasar? ¿Está preocupada de que en algún momento va a cerrar los ojos y nunca más los volverá abrir? O, después de meses sabiendo que este sería el resultado ¿está aliviada de que el final está tan cerca? Terminando su dolor y tormento.

Cuando el teléfono suena la siguiente mañana, lo sé de inmediato. Me acurruco en la cama mientras mamá corre escaleras abajo para contestar. Momentos después toca en mi puerta, entra y se sienta en mi cama, angustiada mientras pone su mano a mi lado.

‘Soph, era el hospicio. Molly murió anoche mientras dormía.’

Aunque sé que las palabras venían y aunque sabía, sin duda alguna, que esa sería la razón por la que llamaran, la noticia me golpea fuerte.

‘Dijeron que no tuvo dolor, que fue muy pacífico. Oh amor, lo siento tanto,’ dice con voz entrecortada.

Sus lágrimas llaman a las mías, y sollozos incontrolables salen de mí, todo mi cuerpo impregnado del dolor. Mi querida amiga se ha ido. Siento alivio al haberla visto, permitiéndome despedirme, pero triste por no haber podido decir todo lo que debí haber dicho. Ahora nunca podré hacerlo.

Tengo tanto que agradecer a Molly y no estoy segura de si esos sentimientos podrían haber sido explicados con palabras. Solo espero que supiera cuán especial era para mí, cuánto la adoraba y cuán agradecida estoy con la mujer que me enseñó tanto y se quedó conmigo con paciencia y amabilidad mientras trataba de componer mi roto ser.

Una cosa que me duele es que, habiéndola visto, no puedo sacar su rostro gris y ojos vidriosos de mis pensamientos. Cuando pienso en ella ahora un nudo se forma en mi estómago, ya que esa versión de Molly es la que aparece en mi cabeza, y no la Molly con rostro amable que conocí y amé por años. La imagen de Molly tan frágil y vacía en su lecho de muerte parece estar pegada en mi cerebro, negándose a desaparecer, llenándome con desesperación.

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