23

Un par de días después estoy intentando leer en la sala, mi mente se niega a absorber la información de la página. Debo de haber leído el mismo párrafo al menos 20 veces, pero una y otra vez mis pensamientos encuentran algún modo de divagar, ignorando las palabras escritas frente a mí y borrando su significado; convirtiéndolas en formas que mis ojos ven indiferentemente. Es muy frustrante, especialmente porque estoy intentando leer para poder descansar la mente de esas preocupaciones. No importa cuanto lo intente parece que nada puede evitar que Billy, Molly y mi falta de planes futuros se filtren e n mi conciencia. Dándome algo para agonizar, demandando mi atención.

Un inesperado golpe en la puerta interrumpe mis esfuerzos.

Aunque sigo sin salir de casa y sintiéndome frágil, sin querer salir y enfrentar a la gente aún, he estado saliendo de la cama y deambulando por la casa. Ya no me quedo en mi habitación ya que me di cuenta que me volvería loca lentamente si sigo viendo mis paredes rosas. Por el momento, obligarme a bañarme cada mañana y evitar usar piyama todo el día parece un logro personal gigante. Esto significa que aunque siga pareciendo un desastre con mi cabello amarrado y mi ropa holgada que no combina, el visitante me encuentra limpia.

Abro la puerta para encontrar a un hombre en sus treintas parado en la entrada. Inmediatamente sé quién es. Su cabello claro y revuelto y sus manos bronceadas, con las que se frota su rostro igualmente bronceado, lo dicen todo.

‘Hola,’ digo, sin saber como recibirlo.

‘¿Sophie?’ pregunta, parece cansado.

‘Si.’

Soy Peter. El hijo de Molly.’

Nunca conocí al hijo de Molly, ya que se fue a Australia antes de que empezara a trabajar en Té-en-la-Colina, pero ella hablaba de él y de su difunto esposo Albert sin parar. Siempre pensé que cerraría la tienda y se mudaría a Oz algún día, aunque ese día nunca llegó-

‘He escuchado mucho sobre ti,’ digo, sin poder evitar sonreírle.

‘Igual yo,’ dice con una triste sonrisa. ‘¿Podría entras?’

‘Si, claro.’

Lo dejo entrar, guiándolo a la cocina, donde hago una jarra de té para los dos.

‘¿Hace cuánto regresaste?’

‘Algunos días. Por suerte pude verla antes de que…’

‘Sí.’

‘Escuche que tú también la viste ¿cierto?’

‘Asiento mientras pongo las tazas en la meza, junto con un panecillo.

‘Eso es bueno,’ continúa. ‘Las enfermeras dijeron que parecía estar aguantando. Queriendo despedirse propiamente.’

‘¿Lo sabías?’ pregunto, sirviendo el té y ofreciéndole azúcar.

‘No, pero debí haberlo adivinado.’

‘¿Cómo?’

‘Llamaba más, hablando mucho de papá y los viajes que hicimos juntos y cosas así,’ dice, deteniéndose a tomar un sorbo de su bebida. ‘Se estaba poniendo muy sentimental con todo.’

‘¿Cuándo supiste entonces?’

‘Cuando entró al hospicio. Me llamó la primer anoche que pasó ahí, y me subí al primer vuelo que pude.’

‘Supongo que estando ahí, sabía que el final estaba cerca y no podía posponer más tiempo el contarle a la gente.’

‘No hubiera cambiado nada, si hubiéramos sabido antes,’ dice sin emoción. ‘Hubiera sido bueno estar preparado, eso es todo. De este modo fue muy repentino.’

‘Aunque no para ella.’

Peter toma otro sorbo de su taza mientras juego con la agarradera de la mía.

Pobre Molly, pienso. Me pregunto qué pasó en su cabeza estos últimos meses. ¿En verdad pensó que nos ahorraba el dolor al no decirnos la verdad? ¿Prefirió que nos enteráramos cuando ya estuviera muriendo, en vez de poder estar con ella para confortarla? ¿O en verdad no podía soportar la idea de ser quien tuviera que recibir cuidados? Debió haber sufrido horribles dolores por meses y simplemente siguió sin más.

‘¿Cuánto tiempo te vas a quedar?’ pregunto, rompiendo el silencio.

‘No mucho, una sema quizá. Hay algunas cuestiones legales que necesito resolver, sobre su casa y la tienda. Pero una vez que lo haga regresaré a Sídney.’

‘Ya veo.’

‘De hecho estoy aquí porque ella me dejó algo muy claro y, bueno, está en su testamento,’ dice, dejando su taza y viéndome. ‘Tú te quedas con la tienda.’

Lo veo, congelada por la sorpresa mientras entiendo sus palabras. ¿Molly me está dando Té-en-la-Colina?

‘¿Qué?’ suelto. ‘Eso no puede ser correcto. ¿Qué hay de ti? ¿De seguro quería que tú la tuvieras?’ pregunto, confundida de que no esté enojado por el hecho de que su mamá está dando su herencia a alguien que no ha conocido jamás, pero parece calmado y complacido con la decisión.

‘No, Sophie. Tiene mucho sentido realmente. No habría modo de que pudiera mantenerla viviendo en Australia, aunque tuviera alguien que la manejara. Tarde o temprano me vería obligado a venderla, y ¿puedes imaginar si la vendiera y la convirtieran en un restaurante o algo? Me sentiría horrible y mamá probablemente vendría a acecharme por dejar que eso sucediera. Además, el té nunca ha sido lo mío,’ bromea, poniendo su mana amablemente sobre la mía, ofreciéndome una sonrisa empática. ‘La amas tanto como ella Sophie. Para mí es solo un lugar que vende té y pastel; nunca entendí qué tenía de especial. Pero tú lo entendiste.’

‘Nunca esperé esto. ¿Por qué lo hizo?’ pregunto, sin poder comprender las noticias.

‘Puede decírtelo ella misma,’ dice, sacando un sobre de su bolsa y deslizándolo por la mesa hacia mí. ‘Te escribió una carta y me pidió que te la diera. Sin duda lo explica todo ahí.’

‘¿Cuándo la escribió?’

‘No estoy seguro… aunque supongo que antes de entrar al hospicio. No creo que hiciera mucho ahí,’ dice tristemente.

Veo el sobre con mi nombre al frente, escrito con la letra de Molly, sin saber qué hacer o decir. ¿Debería abrirla para que ambos podamos leer las palabras de Molly? ¿O debería dejarla donde Peter la dejó hasta que se vaya para leerla sola?

‘Es algo extraño, recibir una carta de una persona muerta,’ dice Peter, antes de inhalar profundamente y parase, poniendo sus manos a sus lados incómodamente. ‘De acuerdo, debería irme.’

En cuanto Peter se va, tomo el sobre y subo las escaleras, regresando a la seguridad de esas cuatro paredes rosas de nuevo. Sentándome en mi cama, veo el sobre en mis manos por unos momentos, tratando de prepararme para lo que contiene, antes de voltearlo y abrirlo.

Mis manos tiemblas mientras saco el papel y lo desdoblo, leyendo las últimas palabras que Molly escribió en una página para mí.

Mi querida niña,

Te escribo esto sin saber cuánto tiempo que queda… ¿Qué tal eso para el dramatismo? Esperaba verte una vez más, pero parece que el tiempo no está de nuestro lado.

Sé que estarás enojada conmigo por no decírtelo. No le dije a nadie. Probablemente crees que fue mi orgullo lo que me detuvo de contarle a la gente – para que la señora Sleep y compañía no me vieran como una inválida mientras estaban a mi alrededor. Pero no fue eso. AL principio fue porque no quería admitir lo que pasaba. Bastante siempre, pero quería bloquearlo. Tristemente, no me di cuenta de cuán rápido me deterioraba.

¿Cuál es el propósito de esta carta? ¿Es decirte cuánto te amo y cómo nuestro tiempo juntas me dio algunos de mis mejores recuerdos? Eres una mujer impresionante y verte florecer y crecer en un maravilloso ser humano ha sido uno de los mejores momentos de mi vida. Digo esto con absoluta sinceridad y espero que algún día creas tanto en ti como lo hago yo. Mereces ser muy feliz.

La tienda significa tanto para ti como para mí, nos dio un propósito a ambas y curó nuestros corazones. Así que me gustaría que la tuvieras. No espero que pauses tu vida para administrarla, ni quiero que te sientas atada a ella, pero es tuya para que hagas lo que quieras con ella.

Billy vino a verme hoy. Qué tonto ha sido. No tengo duda de que te ama tanto como yo. Lo que tienes que recordad es que el amor, tan poderoso como puede ser, nunca es simple ni directo. Sé que tú y Billy van a tener una vida de felicidad juntos, como Albert y yola tuvimos. Él te ama mucho. Recuerda eso. Cree eso. Nada más en el mundo importa – algo que Billy finalmente entendió.

Oh mi querida Sophie, verte de nuevo llenaría mi corazón con alegría. Siempre estás en mis pensamientos.

Te amo,

Molly
Xxx

Me siento en mi cama por horas leyendo y releyendo absorbiendo sus palabras, agradecida de tener algo tan especial de ella que guardar, valorar y saborear.

Solo hay una cosa que me causa dudas y me irrita y es – ¿cuándo fue Billy a ver a Molly? ¿Cómo supo que estaba enferma? ¿Supo que estaba enferma antes que yo?

Se siente tan extraño saber que manejó todo hasta aquí y ni siquiera intentó venir a verme. No es que hubiera querido verlo, obviamente – le dije que me diera espacio – pero creí que lo habría intentado, dadas las circunstancias.

La curiosidad me gana y me encuentro tomando mi celular y mandándole un mensaje. Consciente del hecho de que no quiero tener una conversación, decido mantener el mensaje corto, conciso y sin emoción alguna.

¿Cómo supiste lo de Molly?

Sin cordialidades, directo al punto.

Una vez que presiono enviar me arrepiento de inmediato. Cualquier control que creí haber ganado me deja y solo puedo sentarme y ver nerviosamente mi teléfonos, esperando una respuesta.

A los pocos minutos suena con una respuesta.

¡Hola! ¿Estás bien? Es bueno escuchar de ti Sophie. Molly habló aquí. Pensé que iba a regañarme, pero resultó que te estaba buscando a ti. Noté que algo no andaba bien, al final me dijo dónde estaba y fui hasta allá. Estuvo de acuerdo en que le hablara a tu mamá cuando estaba allá. ¿Estás bien?

Eso explica cómo es que mamá y Colin descubrieron la noticia después de no saber nada por meses como todos los demás. Mamá nunca mencionó haber hablado con él, pero no es gran sorpresa.

Antes de siquiera de si quiera decidir si quiero contestarle, mi teléfono suena de nuevo con otro mensaje suyo.

Iba a ir a verte pero tuve que regresar a Londres para arreglar algunas cosas, no podía escaparme por mucho tiempo. Además, supuse que no querrías verme de cualquier modo. Por eso llamé por teléfono. ¿Cómo está Molly?

Parte de mí quiere caer, decir algo sobre qué bueno es que por fin ponga primero su trabajo, pero no lo hago. Porque sé que tengo que decirle que Molly murió. Estaría mal incluir algún reclamo mientras escribo esas palabras.

Murió el jueves en la noche. Mientras dormía.

Respondo, tristeza envolviéndome mientras lo envío.

Oh Soph, lamento mucho escuchar eso. ¿Estás bien?

No realmente. Fue una gran sorpresa. No puedo creer que ya no esté aquí.

Escribo honestamente, de pronto quiero sentir su amor.

Lo sé. Es terrible. Aunque ayuda a poner las cosas en perspectiva ¿no?… Oh Sophie, quisiera abrazarte. Te extraño mucho. ¿Puedo verte?

Incluso leer esas palabras me causa dolor, haciéndome saber cuánto lo extraño. Lo quiero aquí para que me abrace y me consuele, para que me diga que todo estará bien y me asegure que Molly está en un lugar mejor. Lo amo tanto. Lo necesito.

Sintiéndome traicionada por mi propio corazón, de pronto me enojo conmigo misma por dejar caer mi guardia y dejarlo entrar. Aplastada porque mi corazón saltó de anticipación con sus mensajes y se rindió cuando necesitaba que fuera fuerte. Siento la necesidad de empujarlo, alejarlo y hacerle ver que no puede mandarme mensajes diciendo que le importa después de todo lo que ha hecho. Es su culpa que no estemos juntos.

No.

Simple. Inflexible. Decisiva.

¿Por favor? Tengo tanto que decirte.

No quiero saber Billy. Voy a cambiar de teléfono. No tiene mucho sentido tenerlo ya que regresé a casa y tú eres la única persona que me llama. Además, lo último que quiero saber es cuán maravillosa es tu maldita vida es. Adiós.

Precipitadamente apago el teléfono y lo tiro contra la pared, lo que se siente bien por un segundo, pero resulta que fue una idea estúpida porque despostillo la pared y la pantalla del teléfono se estrella. No es que tenga intención de volver a usarlo pronto – no es que tenga millones de amigos que llamar.

Cuando mamá llega a casa más tarde esa tarde estoy sentada en las escaleras esperándola, abrazando el barandal de manera.

‘¿Cuándo ibas a decirme que hablaste con Billy?’ pregunto una vez que entró.

‘Oh amor,’ dice, dejando su bolsa y quitándose el abrigo. Voltea a verme dejando escapar un pequeño suspiro. ‘Vamos, eso no importa ¿o sí? Lo que importa es que nos enteramos de lo de Molly antes de que fuera demasiado tarde.’

‘Lo sé,’ digo tranquila.

‘Nadie sabía. Ni siquiera June Hearne,’ dice, recargándose en el barandal y tomando mi mano.

‘¡Pero se veía tan enferma mamá! ¿Cómo es que la gente no lo notó?’

‘La gente asumió que estaba estresada porque manejaba la tienda ella sola. Era demasiado para alguien de su edad.’

‘Así que después de que Sally se fue ¿no contrató a alguien más?’

‘No. Creo que le preocupaba hacerlo…’

‘¿Por mí?’

‘No seas tonta,’ dice sentándose junto a mí y abrazándome. ‘No puedes culparte por nada de esto. Ya le habían dicho que tenía cáncer antes de que te fueras. Así que por favor no pienses eso.’

‘¿Por qué no me dijo en cuánto se enteró?’

‘Porque sabía que no la dejarías.’

Eso es cierto. No habría habido modo en que me hubiera ido si hubiera sabido. Viendo como todo terminó en desastre, hubiera preferido que me lo dijera y me hiciera quedarme.

‘Aunque hay algo que no entiendo mamá… cuando eventualmente estuvo demasiado débil para seguir en la tienda ¿a dónde creyó todo el mundo que se había ido? Solo desapareció. ¿Nadie pensó que era extraño?’

‘Dejó una nota en la ventana diciendo que se tomaría un descanso – lo que parecía posible ya que estaba llevando la tienda sola. Todo mundo pensó que había ido a Australia a ver a Peter.’

‘¿Sin decirle a nadie?’

Mamá no dice nada, pero parece arrepentido de no haberlo cuestionado en su momento.

‘Así que en vez de estar disfrutando el sol en compañía de su familia, como todos pensaron, estaba a unas cuantas millas, muriendo sola.’

‘Sophie, pudo habérselo dicho a la gente pero eligió no hacerlo. Es obvio lo que quería y –’

Deja de hablar cuando el teléfono frente a nosotros empieza a sonar. Me toca en la rodilla y se levanta para contestar.

‘¿Hola? ¡Oh!’

Veo como una arruga aparece en su rostro y empieza a jugar con su cabello con l mano libre antes de jugar con algunos vasos. Claramente está incómoda. No me toma mucho darme cuenta que es Billy, que decidió llamar a la casa ahora que apagué mi celular. Puedo escuchar su voz cuando pregunta si puede hablar conmigo.

Sacudo la cabeza.

‘¡No, no, no! ¡No quiero hablar con él!’ le susurro a mamá cuando pone su mano sobre el auricular para que él no puede escucharme.

‘Soph, creo que deberías escuchar lo que tiene que decir. En versas –’

‘¡No mamá! No me importa.’

Suspira profundamente y pone el teléfono en su pecho.

‘¿Estás segura?’

‘Si. No tengo nada que decirle.’

Me ve tristemente antes de darse la vuelta.

‘Lo siento mucho amor,’ dice educadamente en el teléfono. ‘Me temo que no quiere hablar. Sé que así es amor…’

Subo las escaleras corriendo y regreso a la seguridad de mi habitación, queriendo escapar.

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