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El siguiente día recibo un sobre por correo, con mi nombre y dirección escritos con la letra de Billy. Pienso en no abrirlo y simplemente quemarlo o destrozarlo, pero la curiosidad me gana.

Lo abro y encuentro una foto en blanco y negro de Billy, Molly, mamá y yo, tomada en Hyde Park en el picnic el día que vinieron a visitarnos en verano. Estamos todos muy juntos, mientras Billy estira el brazo para tomar la foto, permitiendo que nuestros rostros quepan en el marco. Billy tiene una ceja alzada y muestra los dientes, viéndose increíblemente lindo. Junto a él, Molly estrena su cabello corto y tiene la punta de los dedos enfrente de su cabello, inclinándose un poco sobre su mano, lo que cubre su ojo derecho. No lo había notado antes, pero parece estar adolorida de algún modo. Cansada. Pero quizá alguien más podría ver la foto y decir que se ve feliz y en paz, contenta. Puede que ver la imagen ahora me hacer ver cosas que no hay. Sé que estaba feliz ese día; yo estaba ahí, la vi reír y hacer bromas como siempre. ¿Cómo se suponía que supiéramos que tenía un secreto tan devastador?

Pienso en nuestra plática ese día, cuando Molly habló de aprovechar oportunidades y no dejar que la vida pasara sin más, como lo había hecho ella. EN ese momento pensé que se refería a mi trabajo en Cofee Matters. Pensé que estaba intentando hacer que renunciara para que no tuviera que desperdiciar mi vida en un trabajo malagradecido cuando podía disfrutar la vida. Aunque en realidad ¿me daba una pista sobre el final de su vida? Cuán egocéntrica tenía que ser para no preguntarme si no le pasaba algo.

En la imagen, estoy sentada entre Molly y mamá, con mis brazos alrededor de ambas, acercándolas a mi cuerpo. Mis ojos están cerrados fuertemente, y tengo una sonrisa estúpidamente grande. Mamá fue capturada riendo, mostrando el brillo que la rodea desde ese día. Es una foto hermosa, que capturó un momento perfectamente feliz.

No hay alguna nota incluida en el sobre, pero Billy escribió en la parte trasera:

Nada complace más que sentirse amado por los que le rodean a uno y apreciar que la propia presencia aumenta su satisfacción.

Reconozco la cita de inmediato. Es de Jane Eyre de Charlotte Bronte, mi libro favorito, tomado en el momento en que Jane regresa a Thornfield Hall después de pasar un mes cuidando a su despreciable tía. ¿Esto significa que Billy se ha tomado el tiempo de leerlo después de admitir no haber leído un solo libro en su vida, en nuestra primera cita? Seguramente no. Dudo que encontrara tiempo en su apretada agenda para hacer algo tan aburrido como leer…

Aunque, como elección de cita – no podía ser más adecuada para esta foto.

Me siento por horas en la cama viendo la foto, recordando cada detalle, asegurándome de que no me pierdo nada y siento la calidez que sale de ella.

Me sorprende cuando otro sobre de Billy llega la siguiente mañana, contiene una foto de nosotros dos, en el Tragalagar Square sin palomas, el día que me llevó por primera vez a Londres para mostrarme su departamento. Una vez que superamos la emoción de la posibilidad de vivir juntos, Billy había decidido llevarme a la plaza para probar que no mentía sobre la política de no alimentar a las palomas. Me decepcioné mucho cuando descubrí que me dijo la verdad, pero Billy me tomó y nos arrastró a una de las estatuas de león donde decidimos tomar una serie de tontas fotografías. Tomamos turnos para subir a lo alto de las estatuas o pararnos a su lado haciendo caras ridículas – pretendiendo que el león de bronce nos quería comer. Fue estúpido y divertido e hizo que nos riéramos sin fin.

Esta foto es una de las más calmadas, una en la que le pedimos a un transeúnte que la tomara, donde estamos tranquilos entre las patas del león. Estoy sentada viendo a la cámara con una sonrisa dulce, con una mano el muslo de Billy, mientras él está sentado con un brazo en mi cintura y su frente en mi cabeza, viéndome. Hay algo encantador en el modo en que Billy me ve, como si nada más en el mundo importara.

Al darle la vuelta a la foto, encuentro otra cita de Jane Eyre:

Daba, por primera vez, con alguien digno de mi amor, te encontraba a ti. Te consideré mi ángel bueno y un amor ferviente y profundo brotó de mi corazón. Resolví consagrarte mi vida y hacerte arder en la propia y pura llama que me devoraba a mí.

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